Tibet – Painted Banner (Thangka) with Guru Dragpur, a Wrathful Form of Padmasambhava
Ubicación: Art Institute, Chicago.
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La figura principal se presenta en una postura dinámica, con un semblante feroz y amenazador. Sus rasgos son exagerados: ojos prominentes, boca abierta mostrando dientes afilados, y una expresión que irradia ira y determinación. El artista ha empleado líneas angulosas y contrastes marcados para enfatizar la intensidad de su mirada y la fuerza de su presencia. Se observa un elaborado adorno en la cabeza, con elementos que parecen representar llamas o fuego, reforzando la idea de poder destructivo transformado en iluminación.
Alrededor de esta figura central, se despliega una miríada de detalles. En la parte superior, pequeñas figuras parecen observar la escena desde lo alto, posiblemente representando seres celestiales o protectores espirituales. La composición inferior muestra una serie de personajes con atuendos elaborados y expresiones serenas, que contrastan fuertemente con la figura principal. Estos podrían simbolizar los devotos o aquellos que buscan la protección del poder representado.
El uso de un triángulo invertido como marco para el rostro de la figura central es significativo. Este símbolo puede interpretarse como una representación de la energía primordial, la base desde la cual emana todo lo existente. La disposición de las figuras y elementos a ambos lados sugiere un equilibrio entre fuerzas opuestas: la ira destructiva y la serenidad contemplativa, el miedo y la devoción.
El intrincado diseño del fondo, con sus patrones ondulantes que recuerdan a las llamas o al agua en movimiento, contribuye a la atmósfera de dinamismo y energía espiritual. La repetición de motivos ornamentales crea una sensación de ritmo visual y refuerza la idea de un universo interconectado.
En su conjunto, esta obra parece transmitir un mensaje sobre la naturaleza dual del poder: la capacidad de destruir para transformar, el uso de la ira como herramienta para alcanzar la iluminación. La representación no es literal, sino simbólica, invitando al espectador a una reflexión profunda sobre los aspectos más complejos de la existencia y la búsqueda de la verdad espiritual. La maestría en la ejecución técnica, junto con la riqueza del simbolismo, eleva esta composición pictórica a un nivel superior de significado artístico y religioso.