Jacob Cornelisz Van Oostsanen – Self Portrait
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Остсанен, Якоб Корнелис ван (1470-1533) малоизвестен. Его религиозная живопись хороша, но в каком-то смысле типична для периода его жизни. Однако шедевром Остсанена, на мой взгляд, является его автопортрет. В первой трети 16 века такой живой взгляд человека редко встречается даже в работах куда более знаменитых мастеров.
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La paleta cromática se centra en tonos oscuros: negros profundos para la boina que cubre su cabeza y un marrón terroso que sirve de fondo, creando una atmósfera sombría y reflexiva. La iluminación incide principalmente sobre el rostro, resaltando las líneas de expresión y los detalles del envejecimiento, como las arrugas alrededor de los ojos y la boca. Esta atención al detalle sugiere una preocupación por la representación realista y un interés en la vulnerabilidad inherente a la condición humana.
La vestimenta es sencilla pero elegante: un cuello alto con encajes blancos que contrasta con el oscuro abrigo o capa que lleva sobre él. La boina, de forma característica, acentúa su semblante y le confiere una cierta dignidad.
Un pequeño cartel rectangular sostenido en la mano izquierda exhibe números romanos – “MXXXV” – que corresponden al año 1535. Esta inclusión es significativa; no solo proporciona información cronológica sobre la creación de la obra, sino que también introduce un elemento de autorreferencialidad y documentación personal. El artista se presenta a sí mismo en un momento específico del tiempo, dejando constancia de su existencia y oficio.
El subtexto principal reside en la introspección y el cuestionamiento. La expresión facial no es abiertamente emotiva; más bien, transmite una sensación de seriedad, incluso melancolía. Se intuye una complejidad interna, una reflexión sobre el paso del tiempo y la propia mortalidad. El retrato trasciende la mera representación física para convertirse en un estudio psicológico, invitando al espectador a contemplar la naturaleza humana y los misterios que la definen. La composición, con su fondo oscuro y la iluminación focalizada en el rostro, contribuye a crear una atmósfera de intimidad y solemnidad, reforzando la impresión de un momento capturado para la posteridad.