Bakufu Ohno – pic13683
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El primer plano está dominado por un puente curvo de piedra grisácea, su superficie reflejada en el agua quieta que lo atraviesa. Este elemento central dirige la mirada hacia el interior del jardín, creando una sensación de invitación a explorar. La superficie acuática, con sus sutiles ondulaciones y reflejos, aporta dinamismo a la escena, contrastando con la rigidez geométrica del puente.
En segundo plano, se observan diversas formaciones rocosas, cuidadosamente ubicadas para simular un paisaje natural. La vegetación es exuberante; predominan los tonos verdes en una amplia gama de matices, desde el verde esmeralda hasta el verde oliva, sugiriendo diferentes especies y niveles de luz. Se distinguen árboles con formas podadas, característicos del arte topiario japonés, así como arbustos redondos que definen los contornos del terreno. Algunas hojas amarillentas indican la llegada del otoño, añadiendo una nota de temporalidad a la escena.
En el fondo, se vislumbran dos estructuras verticales: un pabellón o santuario con un tejado curvo y una torre más alta y esbelta que podría ser un faro o un campanario. Estos elementos arquitectónicos sugieren una función ceremonial o espiritual del jardín. La luz, proveniente de la derecha, ilumina selectivamente ciertas áreas, creando contrastes de sombra y realce que acentúan la profundidad espacial.
La composición transmite una sensación de calma, armonía y contemplación. El uso de líneas curvas y formas geométricas equilibradas contribuye a esta atmósfera serena. El jardín no se presenta como un espacio natural salvaje, sino como una creación humana destinada a evocar la belleza de la naturaleza y a promover la introspección. La meticulosidad en el diseño y la disposición de los elementos sugieren una búsqueda de perfección y equilibrio que es característica del arte japonés. Se intuye una intención de representar no solo un lugar físico, sino también un estado mental: uno de paz, serenidad y conexión con la naturaleza.