Jusepe de Ribera – Ribera The Holy Family with St Catherine
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A su izquierda, una joven, vestida con túnicas claras y doradas, se arrodilla, acercando su mano al rostro del niño en un gesto de veneración o contemplación. Su cabello rojizo contrasta notablemente con la paleta de colores más sobria que envuelve a los demás personajes. La iluminación incide directamente sobre ella, resaltando su figura y enfatizando el carácter devoto de su actitud.
A la derecha, un hombre de edad avanzada, con barba canosa y vestimenta marrón, observa la escena con una expresión de paternal afecto. Su postura es más distante que la de los otros personajes, sugiriendo un rol observador o protector.
En el extremo izquierdo del lienzo, una anciana, cubierta con un velo y ataviada con ropas humildes, se encuentra parcialmente visible. Sostiene en sus manos una cesta repleta de frutas, posiblemente simbolizando la abundancia y la provisión divina. Su presencia, aunque periférica, añade una capa de profundidad a la narrativa visual.
La luz juega un papel crucial en esta pintura. Proviene de una fuente no identificada, iluminando selectivamente los rostros y las manos de los personajes principales, mientras que el resto de la composición se sumerge en la penumbra. Esta técnica acentúa la atmósfera de recogimiento y devoción, invitando al espectador a concentrarse en la interacción entre los individuos representados.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la divinidad, la inocencia, la veneración y el cuidado paternal. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía: la mujer ocupa el lugar central como figura maternal, mientras que la joven representa la pureza y la devoción juvenil, y el hombre encarna la sabiduría y la protección paterna. La anciana, con su cesta de frutas, podría simbolizar la provisión divina y la bendición sobre la familia representada. El gesto de la joven al tocar al niño sugiere una conexión espiritual profunda, mientras que la mirada del hombre transmite un sentimiento de responsabilidad y afecto. En conjunto, la pintura evoca una sensación de intimidad, devoción y contemplación silenciosa.