Jan Brueghel The Elder – El Tacto
Ubicación: Prado, Madrid.
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En primer plano, una figura femenina se encuentra sentada sobre un tapiz rojo intenso. Su postura es serena, casi contemplativa, mientras sostiene en su regazo lo que parece ser una pequeña escultura o busto. La luz incide directamente sobre ella, resaltando la blancura de su piel y el detalle de sus ropas. A su alrededor, se despliega un escenario caótico: figuras armadas, algunas con armaduras brillantes, otras envueltas en sombras, parecen participar en algún tipo de actividad ritual o ceremonial. Se perciben armas, instrumentos musicales y otros objetos dispersos sobre la hierba, contribuyendo a la atmósfera de confusión y misterio.
En el segundo plano, una estructura arquitectónica rectangular se alza como un telón de fondo. Dentro de ella, se vislumbran figuras reunidas, observando lo que ocurre en la escena principal. Esta disposición sugiere una especie de teatro o representación pública, donde los personajes presentes son tanto actores como espectadores. Una tela roja, suspendida sobre la composición, actúa como un elemento escenográfico, intensificando la sensación de artificialidad y teatralidad.
La paleta cromática es rica en tonos terrosos y oscuros, con destellos de luz que iluminan selectivamente ciertos elementos. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la escena y crea una atmósfera de tensión e incertidumbre.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la percepción sensorial, la representación artística y la relación entre lo tangible y lo intangible. La figura femenina, sentada en un lugar privilegiado, podría simbolizar la personificación del tacto o la sensibilidad, mientras que las figuras armadas podrían representar los peligros y desafíos de la vida. La estructura arquitectónica y las figuras observadoras sugieren una reflexión sobre el acto mismo de contemplar y juzgar. La complejidad de la composición invita a múltiples interpretaciones, dejando al espectador con más preguntas que respuestas. El conjunto evoca un mundo onírico, donde la realidad se mezcla con la fantasía y los límites entre lo visible y lo invisible se desdibujan.