Jan Brueghel The Elder – Garland of Fruit surrounding a Depiction of Cybele Receiving Gifts from Personifications of the Four Seasons
Ubicación: Mauritshuis, Den Haag.
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Dentro del óvalo, se representa a una figura femenina, presumiblemente Cibeles, ataviada con ropajes ricos y ostentosos en tonos rojos y dorados. Recibe ofrendas de cuatro figuras masculinas, identificables como personificaciones de las estaciones del año. Cada uno presenta un conjunto de atributos distintivos: uno porta frutos maduros, otro hojas otoñales, un tercero ramas desnudas y el último brotes verdes que simbolizan la primavera. La interacción entre Cibeles y estas representaciones estacionales sugiere una relación de reciprocidad y dependencia; ella es receptora de los dones del tiempo, mientras que las estaciones parecen rendirle homenaje.
En el cielo, se vislumbran figuras aladas, presumiblemente putti o ángeles, dispersos en un espacio nebuloso iluminado por una fuente lumínica difusa, posiblemente el sol. Su presencia añade una dimensión celestial a la escena, sugiriendo una conexión entre lo terrenal y lo divino. La disposición de estos seres celestiales es asimétrica, contribuyendo a una sensación de movimiento y dinamismo en la composición general.
La paleta cromática es rica y vibrante, dominada por tonos cálidos como el rojo, el dorado y el amarillo, que acentúan la opulencia y la fertilidad del tema. El contraste entre las figuras centrales y el fondo oscuro intensifica su impacto visual. La técnica pictórica revela un dominio de los detalles, con una atención minuciosa a la textura de las frutas, las flores y los tejidos.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la fertilidad, la abundancia, el ciclo natural del tiempo y la veneración de la naturaleza. La figura central de Cibeles, asociada con la tierra y la maternidad en la mitología, encarna estos conceptos. La presentación de ofrendas por parte de las estaciones sugiere una armonía entre los seres humanos y el mundo natural, así como un reconocimiento de su poder y generosidad. El marco floral no es meramente decorativo; funciona como un símbolo de la vida que florece bajo la protección de Cibeles, reforzando la idea de prosperidad y renovación constante. La inclusión de las figuras celestiales sugiere una justificación divina para esta armonía, elevándola a un plano trascendente.