Jan Brueghel The Elder – Flowers in a vase
Ubicación: Museum of Art History, Vienna (Kunsthistorisches Museum).
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En esta composición se observa un denso ramo floral dispuesto en un jarrón de tonos terrosos y forma ligeramente acampanada. El autor ha representado una profusión de flores variadas: tulipanes blancos y amarillos, iris azules, amapolas rojas, pequeñas florecillas blancas y amarillas que recuerdan a la margarita o al diente de león, así como otras especies más difíciles de identificar con precisión debido a la densidad del conjunto. La paleta cromática es rica pero contenida, predominando los tonos cálidos y luminosos contrastados por el fondo oscuro que intensifica la vivacidad de las flores.
La disposición no parece ser aleatoria; existe una cierta jerarquía visual en la colocación de las flores, con algunas especies destacando sobre otras. Se aprecia un cuidadoso estudio de las texturas y formas individuales de cada flor, lo cual sugiere un interés por la representación naturalista. No obstante, el conjunto se presenta como una acumulación exuberante, casi desbordada, que trasciende la mera copia del mundo visible.
En la base del jarrón, sobre la superficie plana que sirve de mesa o repisa, se distinguen pequeños insectos y pétalos caídos, elementos que introducen un componente de fugacidad y decadencia. La presencia de estos detalles sugiere una reflexión sobre el paso del tiempo y la naturaleza efímera de la belleza.
La iluminación, proveniente presumiblemente de una fuente externa no visible en la imagen, modela los volúmenes de las flores y crea sombras que acentúan su tridimensionalidad. El contraste entre la luz y la oscuridad también puede interpretarse como un símbolo de la vida y la muerte, o de la esperanza y el desengaño.
La pintura podría ser una alegoría sobre la vanitas, un género artístico popular en los siglos XVII y XVIII que utilizaba objetos simbólicos para recordar la brevedad de la existencia y la inevitabilidad de la muerte. La abundancia floral, combinada con los insectos y pétalos marchitos, evoca la idea del placer transitorio y la fragilidad de las posesiones materiales. El jarrón mismo podría representar el recipiente que contiene la vida, pero también su limitación y eventual vacío.