Jan Brueghel The Elder – Autumn
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El primer plano está dominado por un grupo de personajes desnudos o parcialmente vestidos, absortos en actividades relacionadas con la recolección y el consumo de frutos. Una mujer, situada centralmente, ofrece una cesta rebosante de uvas, gesto que parece iniciar o celebrar algún tipo de ritual o banquete. A su alrededor, otros individuos participan en la misma actividad: algunos recolectan frutas del suelo, otros las ofrecen a sus compañeros, mientras que otros simplemente contemplan la escena con expresión despreocupada.
La presencia de niños y animales –perros, un ciervo abatido– refuerza el carácter idílico y bucólico de la representación. Los niños juegan entre los frutos, simbolizando la inocencia y la continuidad de la vida, mientras que los animales sugieren una relación armoniosa entre el hombre y la naturaleza. El ciervo muerto, aunque integrado en la escena festiva, introduce un elemento de melancolía o transitoriedad, aludiendo a la inevitabilidad del declive incluso en medio de la abundancia.
En el segundo plano, se vislumbran figuras adicionales que parecen observar la celebración desde una distancia segura. Un hombre con barba y vestimenta rica, posiblemente un gobernante o figura mitológica, está sentado sobre un tronco, mientras que otros personajes lo acompañan. Esta separación entre los participantes activos en el festín y los observadores sugiere una jerarquía social o una división entre quienes disfrutan de la abundancia y quienes la contemplan desde lejos.
La vegetación es densa y exuberante, con árboles cargados de frutos y un follaje que crea una atmósfera opresiva pero a la vez protectora. La luz, aunque brillante, está filtrada por las hojas, generando sombras y reflejos que contribuyen a la complejidad visual de la obra.
Subtextualmente, esta pintura parece explorar temas como la fertilidad, la abundancia, el placer sensorial y la transitoriedad del tiempo. La representación de un banquete o ritual sugiere una celebración de los frutos de la tierra y una conexión con lo divino. No obstante, la presencia del ciervo muerto y la división entre participantes y observadores introducen una nota de ambigüedad, sugiriendo que incluso en medio de la prosperidad, existen elementos de pérdida, desigualdad y mortalidad. La escena evoca un paraíso terrenal, pero uno que está teñido por la conciencia de su propia fragilidad.