Hendrick Terbrugghen – TERBRUGGEN THE CRUCIFIXION WITH THE VIRGIN AND ST. JOHN, MET
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Aquí se observa una composición centrada en la crucifixión de un hombre, presentado con una marcada atención al detalle anatómico y a la representación del sufrimiento físico. La figura crucificada domina la escena, su cuerpo expuesto y vulnerable contra el fondo oscuro que lo envuelve. La luz incide directamente sobre él, acentuando las heridas y la palidez de su piel, creando un contraste dramático con las sombras profundas que se extienden por el resto del espacio.
A los pies de la cruz, dos figuras femeninas se encuentran en actitudes de duelo. Una, envuelta en una túnica roja, inclina la cabeza hacia abajo, sus manos juntas en señal de angustia y resignación. La otra, vestida con un manto blanco que cubre su cabello, alza el rostro hacia la figura crucificada, expresando una mezcla de dolor y devoción. La disposición de estas figuras sugiere una relación íntima y emocionalmente cargada con el hombre en la cruz; se intuye una maternidad y una cercanía espiritual.
En el primer plano, un cráneo humano reposa sobre una superficie oscura, posiblemente tierra o piedra. Este elemento introduce una nota de memento mori, recordatorio de la mortalidad humana y la inevitabilidad de la muerte. La presencia del cráneo refuerza la temática central de sacrificio y redención, sugiriendo que el sufrimiento representado tiene un propósito trascendente.
El uso limitado de color contribuye a la atmósfera sombría y contemplativa de la obra. Los tonos terrosos y apagados predominan, con destellos ocasionales de rojo en las túnicas de las figuras femeninas, que atraen la atención hacia ellas y enfatizan su conexión emocional con el evento central. La composición es vertical y austera, reforzando la sensación de solemnidad y devoción.
Más allá de la representación literal del episodio bíblico, se percibe una exploración profunda de temas como el dolor, la pérdida, la fe y la redención. La intensidad de las expresiones faciales y los gestos de las figuras sugieren un sufrimiento interior que trasciende lo puramente físico. La obra invita a la reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de significado en medio del sufrimiento. El tratamiento realista de la anatomía y el uso de la luz contribuyen a crear una experiencia visual impactante, capaz de evocar empatía y compasión en el espectador.