matisse (9) Henri Matisse (1869-1954)
Henri Matisse – matisse (9)
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Pintor: Henri Matisse
Shchukin, un conocido coleccionista del siglo pasado, conocía bien a Matisse. En 1908 decidió decorar su mansión de Moscú de forma especial e invitó al artista a pintar dos paneles para la casa. Era necesario representar artes tan importantes como la música y la danza con la ayuda de la alegoría. El artista creó paneles emparejados. Los temas eran cercanos al maestro, ya que los conciertos se celebraban a menudo en su casa. Antes de enviar la obra a Rusia, se expuso en el Salón de Otoño de París en 1910.
Descripción del cuadro "Música" de Henri Matisse
Shchukin, un conocido coleccionista del siglo pasado, conocía bien a Matisse. En 1908 decidió decorar su mansión de Moscú de forma especial e invitó al artista a pintar dos paneles para la casa.
Era necesario representar artes tan importantes como la música y la danza con la ayuda de la alegoría. El artista creó paneles emparejados. Los temas eran cercanos al maestro, ya que los conciertos se celebraban a menudo en su casa.
Antes de enviar la obra a Rusia, se expuso en el Salón de Otoño de París en 1910. Una obra tan inusual provocó un verdadero escándalo. Los personajes desnudos y la inesperada visión del tema sorprendieron a todos. Inicialmente, Shchukin decidió abandonar estas obras, pero luego cambió de opinión.
Al trabajar en las figuras masculinas, el artista trató de simplificarlas al máximo. Todos los héroes están intencionadamente desprovistos de individualidad. Sus rasgos faciales son casi idénticos, y lo mismo puede decirse de la forma de su cuerpo. Esto es necesario para que el espectador perciba la imagen como un todo.
El artista buscó la armonía del color. Matisse hizo hincapié en el contraste. Por eso pintó los personajes en rojo. Para equilibrar la imagen, el pintor utilizó el azul y el verde. El fondo no juega prácticamente ningún papel, por lo que se simplifica al máximo.
Cinco héroes aparecen ante nosotros. Dos de ellos están tocando y tres están cantando. Matisse reprodujo la pose del violinista con la mayor claridad posible, ya que él mismo era un músico virtuoso. Los hombres de este panel parecen estar adormecidos. Las siluetas están pintadas con líneas deliberadamente elásticas para dar al lienzo un particular ritmo musical.
Matisse tardó mucho tiempo en encontrar la solución compositiva perfecta. Reescribió la escena varias veces.
Algunos estudiosos creen que las figuras de la derecha recuerdan a las notas y que el violinista puede ser el símbolo de la clave de sol.
El lienzo se caracteriza por una fresca gama de colores. Los personajes son estáticos y están completamente aislados de los demás. Se sumergen al máximo en la música.
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Las figuras, representadas con una paleta reducida a tonos ocres y rojizos, parecen desprovistas de individualidad, presentándose como arquetipos o símbolos más que como retratos específicos. Sus rostros son esquemáticos, carentes de detalles expresivos precisos, lo que contribuye a una sensación de atemporalidad y universalidad. La postura de algunas figuras sugiere contemplación, mientras que otras participan en actividades musicales: una toca el violín y otra un instrumento de viento, posiblemente una flauta o similar.
El terreno sobre el cual se asientan estas figuras no parece naturalista; su forma irregular y la ausencia de elementos contextuales lo convierten en un espacio simbólico, casi teatral. La disposición de las figuras, escalonada a lo largo del plano, crea una jerarquía visual que podría interpretarse como una representación de estados emocionales o espirituales.
El uso deliberado de colores planos y contornos definidos acentúa la bidimensionalidad de la obra, alejándola de la ilusión tridimensional característica del arte realista. Esta simplificación formal sugiere una intención de trascender lo meramente representativo, buscando evocar emociones primarias y explorar temas universales como la música, la contemplación y la conexión humana.
La ausencia de perspectiva tradicional y la reducción de los detalles en las figuras sugieren una búsqueda de pureza formal y un interés por la expresividad inherente a la línea y el color. El conjunto transmite una atmósfera serena y meditativa, invitando al espectador a la reflexión sobre la condición humana y su relación con el arte y la música. La composición, aunque aparentemente sencilla, encierra una complejidad subyacente que invita a múltiples interpretaciones.