John Downman – The Ghost of Clytemnestra Awakening the Furies
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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El conjunto de figuras que se agolpan alrededor de la entidad incorpórea exhibe un estado de angustia palpable. Sus rostros están distorsionados por el terror, la ira o el sufrimiento; los ojos desorbitados, las bocas entreabiertas en gritos silenciosos, las manos alzadas en gestos de súplica o defensa. La variedad de edades y expresiones sugiere una comunidad afectada por un evento traumático común. Algunos personajes se cubren el rostro con las manos, otros parecen estar atrapados en una danza frenética, mientras que uno, sentado en primer plano, parece haber sido liberado de sus ataduras, aunque su expresión denota más desesperación que alivio.
La paleta cromática es igualmente expresiva: predominan los tonos fríos y sombríos – grises, azules oscuros, verdes apagados – que acentúan la atmósfera de fatalidad e inquietud. El blanco fantasmal de la figura central contrasta violentamente con esta oscuridad, intensificando su efecto sobrenatural y enfatizando su papel como catalizador del caos.
En el primer plano, un serpiente se desliza sobre el suelo, un símbolo clásico de engaño, tentación y peligro latente. La presencia de herramientas rotas o abandonadas en el suelo refuerza la idea de una ruptura violenta con el orden previo, sugiriendo quizás una revuelta fallida o una venganza inconclusa.
Subyacentemente, la obra parece explorar temas como la culpa, la venganza y las consecuencias del pasado. La figura espectral podría representar a un espíritu atormentado que busca justicia o expiación, mientras que el grupo de personajes encarna las víctimas de sus acciones o los perpetradores de una injusticia. La composición general transmite una sensación de opresión psicológica y desesperanza, invitando al espectador a reflexionar sobre la naturaleza del sufrimiento humano y la persistencia de los traumas históricos. La escena evoca un ambiente cargado de tensión dramática, donde el pasado se niega a permanecer enterrado y resurge para atormentar el presente.