Part 4 Louvre – Simon Vouet -- The Holy Family with Saint Elizabeth and the young Saint John
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La figura femenina a la izquierda, vestida con un manto rojo vibrante y azul celeste, sostiene en su regazo a un niño pequeño. Su mirada es modesta, casi tímida, dirigida hacia abajo, lo que sugiere humildad y devoción. A su lado, una mujer de edad avanzada, envuelta en un velo blanco y un manto marrón, se inclina para acariciar al segundo niño, quien se aferra a ella con curiosidad. La expresión de esta anciana denota ternura y sabiduría acumulada.
A la derecha, uno de los hombres jóvenes, ataviado con una túnica amarilla y un manto púrpura, extiende su mano hacia la mujer que sostiene al niño, creando una conexión física y simbólica entre ellos. Su postura es protectora, aunque ligeramente distante en comparación con la cercanía palpable entre las mujeres. Un segundo hombre joven se encuentra a su lado, parcialmente visible, apoyado contra una roca.
En el extremo inferior derecho, un pequeño cordero blanco reposa sobre la hierba, elemento que introduce una capa de simbolismo adicional. Su presencia alude a la inocencia, la pureza y, en un contexto religioso, a Cristo como el Cordero de Dios.
La iluminación es teatral, con fuertes contrastes entre las zonas iluminadas y las áreas sumidas en la sombra. Esto acentúa los volúmenes de las figuras y dirige la atención del espectador hacia el centro de la composición. La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos – rojos, amarillos, marrones – que evocan una sensación de calidez y familiaridad, contrastados con el azul intenso del manto de la mujer principal.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la maternidad, la protección divina, la transmisión de la fe y la anticipación de un destino trascendente. La interacción entre los personajes sugiere una relación compleja de afecto, respeto y responsabilidad. El cordero añade una dimensión profética a la escena, insinuando un futuro marcado por el sacrificio y la redención. La disposición de las figuras, con su proximidad física y sus miradas dirigidas en diferentes direcciones, crea una sensación de movimiento y dinamismo dentro del espacio pictórico.