Part 4 Louvre – Lubin Baugin -- Still Life with Chessboard (Nature Morte à l’échiquier)
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El punto focal lo ocupa un tablero de ajedrez, dispuesto en perspectiva, que se extiende hacia un espacio oscuro y ambiguo. Este elemento no solo aporta profundidad a la escena, sino que también funciona como metáfora del destino, el juego de la vida con sus estrategias y posibles derrotas. La disposición aparentemente aleatoria de las piezas sugiere una partida interrumpida o abandonada, insinuando la transitoriedad de los momentos.
A su lado, un mandolino abierto sobre unas partituras musicales evoca la música como fuente de deleite, pero también como algo efímero. Las notas escritas sugieren una melodía inconclusa, quizás aludiendo a proyectos inacabados o sueños frustrados. La presencia del instrumento musical contrasta con el silencio visual que domina la composición.
En primer plano, un vaso con líquido de color intenso –posiblemente vino– se sitúa junto a una cesta de frutas de apariencia delicada y casi escultórica. Esta yuxtaposición de elementos sugiere una reflexión sobre los placeres sensoriales y su inevitable decadencia. La fruta, símbolo de abundancia y vitalidad, se presenta en un estado que anticipa su descomposición.
Un pequeño saco de terciopelo, junto a unas cartas de juego dispersas, refuerzan la temática del ocio y el azar. Las cartas, con sus símbolos arcanos, aluden a la incertidumbre y a los riesgos inherentes a la existencia. La disposición desordenada sugiere una partida interrumpida o un momento de distracción que se ha visto alterado.
Un pequeño ramillete de flores rojas en un jarrón añade un toque de color y vitalidad a la escena, pero su fragilidad subraya aún más la idea de lo transitorio. El contraste entre el rojo vibrante de las flores y los tonos oscuros del fondo acentúa su belleza efímera.
La iluminación es tenue y dramática, con fuertes contrastes que resaltan la textura de los objetos y contribuyen a crear una atmósfera de misterio y melancolía. La oscuridad que envuelve el fondo intensifica la sensación de aislamiento y reflexión.
En conjunto, esta naturaleza muerta no se limita a ser una representación de objetos cotidianos; es una meditación sobre la vida, la muerte, el tiempo y los placeres fugaces. El autor ha logrado crear una composición rica en simbolismo que invita al espectador a contemplar la fragilidad de la existencia y la inevitabilidad del cambio.