Paul Gauguin – Musique Barbare
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En el centro, destaca la figura principal: un rostro masculino con una expresión de pasividad perturbadora. Sus ojos parecen fijos en un punto indefinido, mientras que su boca se abre ligeramente, como si emitiera un sonido ahogado o reprimido. El cabello es corto y desordenado, contribuyendo a la sensación general de inquietud.
A ambos lados del rostro central, se agrupan otras figuras humanas, representadas con una simplificación casi caricaturesca. A la izquierda, un individuo con el rostro pintado en colores vivos, parece observar con intensidad al personaje principal. Su postura es tensa y su mirada penetrante sugiere una amenaza latente. En el lado derecho, otra figura se inclina hacia adelante, con una expresión de angustia o desesperación. Sus rasgos son exagerados y distorsionados, acentuando la atmósfera de sufrimiento.
La composición está saturada de elementos que contribuyen a la sensación de caos y desorden. Los colores son intensos pero discordantes, las líneas son toscas y angulosas, y las figuras se superponen unas sobre otras, creando una impresión de confusión visual. La presencia de lo que parecen ser instrumentos musicales en primer plano refuerza el título sugerido: Música Bárbara. No obstante, la música no evoca alegría o celebración, sino más bien un sonido primitivo y perturbador, capaz de despertar instintos primarios y emociones reprimidas.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas como la alienación, la opresión y la pérdida de la inocencia. El rostro central, con su expresión pasiva, podría representar a una víctima de circunstancias externas, mientras que las figuras circundantes encarnan la brutalidad y el sufrimiento humano. La simplificación de los rasgos y la distorsión de las formas sugieren una crítica a la civilización occidental y sus valores, así como una fascinación por lo exótico y lo primitivo. El uso del color y la composición contribuyen a crear una atmósfera de pesadilla, donde la belleza se mezcla con el horror y la esperanza se desvanece en la oscuridad. La firma, discretamente ubicada en la esquina inferior derecha, parece casi un acto de confesión o de resignación ante la crudeza de lo representado.