Dave Mckean – The Sandman
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En el centro, una figura masculina emerge del torrente de imágenes. Su rostro, aunque reconocible, está parcialmente oculto tras una máscara que recuerda a un animal, posiblemente un lobo o un perro, lo cual evoca una dualidad entre la humanidad y la bestialidad, entre la razón y los instintos primarios. El hombre viste un traje formal, pero su postura es vulnerable, casi sumisa, como si estuviera siendo observado o controlado por las fuerzas que le rodean. Sus manos se extienden hacia arriba, en una actitud de súplica o entrega.
La figura está rodeada por una maraña de símbolos y fragmentos de imágenes: ojos que observan desde la penumbra, relojes que miden el tiempo implacable, estructuras arquitectónicas que sugieren un laberinto mental o un sueño febril, y letras dispersas que parecen formar parte de un lenguaje arcano. Una cadena de cuentas rojas corona la cabeza del hombre, añadiendo una nota de ritualismo y posible sacrificio.
En la base de la composición, se vislumbra el rostro de otra figura femenina, parcialmente oculta en las sombras. Su expresión es melancólica y contemplativa, como si fuera un espectro o una memoria reprimida. A su lado, pequeños objetos – lo que parecen plantas o elementos naturales – sugieren una conexión con el mundo orgánico, aunque distorsionado y fragmentado.
La pintura parece explorar temas de la memoria, los sueños, la identidad y la pérdida del control. La superposición de imágenes sugiere la naturaleza fragmentada de la experiencia humana, donde las percepciones se mezclan con los recuerdos y los deseos reprimidos. El uso de símbolos es ambiguo e invita a múltiples interpretaciones; no hay una narrativa lineal evidente, sino más bien un conjunto de asociaciones oníricas que evocan una sensación de inquietud y misterio. La máscara en el rostro del hombre central podría representar la ocultación de la verdadera identidad, o quizás la imposición de una personalidad artificial. En general, la obra transmite una atmósfera opresiva y claustrofóbica, como si el individuo estuviera atrapado en un ciclo interminable de pesadillas.