Joaquin Sorolla y Bastida – The Relic Kiss
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El sacerdote, vestido con sotana oscura, se presenta como figura central, aunque no necesariamente dominante. Su rostro es serio, casi austero, mientras ofrece el relicario a la mujer que está frente a él. Esta mujer, ataviada con un sencillo traje popular y un pañuelo cubriendo su cabello, parece inclinarse en señal de respeto y veneración. Su expresión es difícil de leer; podría ser devoción, humildad o incluso una mezcla de ambas.
Alrededor de ellos, se agolpa una multitud heterogénea. Se distinguen hombres, mujeres y niños, todos vestidos con ropas modestas que sugieren un origen humilde. Algunos observan la escena con atención, mientras que otros parecen distraídos o impacientes. La disposición de las figuras no es aleatoria; el artista ha organizado a los presentes para crear una sensación de orden dentro del caos de la espera.
El relicario, situado en un elaborado altar de madera, se convierte en el punto focal visual y espiritual de la obra. Su presencia resalta la importancia del objeto venerado y su conexión con lo divino. La ornamentación del altar, con sus detalles intrincados y su rica policromía, contrasta con la sencillez de las vestimentas de los fieles, acentuando así la distancia entre el mundo terrenal y el espiritual.
En cuanto a los subtextos, la pintura parece explorar temas como la fe, la devoción popular, la jerarquía religiosa y la humildad. La espera en sí misma es significativa; simboliza la paciencia, la perseverancia y la disposición a someterse a una autoridad superior. La representación de las personas comunes, con sus ropas sencillas y sus rostros marcados por el trabajo, sugiere una reflexión sobre la religiosidad del pueblo llano, su conexión íntima con lo sagrado y su búsqueda de consuelo en la fe. La escena evoca también un sentido de comunidad y pertenencia, donde los individuos se unen en un acto común de veneración. La luz, al iluminar selectivamente a ciertas figuras y áreas, contribuye a crear una atmósfera de misterio y trascendencia, invitando al espectador a contemplar la profundidad del significado religioso que subyace en la escena.