Joaquin Sorolla y Bastida – Maria With Hat
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La paleta cromática se centra en tonos verdes, desde el intenso del sombrero hasta los más suaves que matizan su piel y la vestimenta. Este predominio tonal crea una atmósfera de cierta melancolía, aunque atenuada por la luz que incide sobre el rostro, resaltando sus facciones. La iluminación es crucial; no se trata de un brillo uniforme, sino de destellos que definen los volúmenes y sugieren una fuente de luz lateral, posiblemente natural.
La joven mira directamente al espectador con una expresión ambigua. No hay una sonrisa evidente, pero tampoco una tristeza marcada. Su mirada parece introspectiva, quizás incluso desafiante. La pose es formal, pero la ejecución pictórica –con pinceladas sueltas y visibles– introduce un elemento de espontaneidad que contrasta con la rigidez del retrato tradicional.
El sombrero, voluminoso y adornado con una pluma verde, domina la composición. No solo sirve como accesorio, sino que también funciona como un marco para el rostro, atrayendo la atención hacia él. La forma del sombrero, ligeramente inclinada, sugiere movimiento y dinamismo, rompiendo con la quietud de la pose.
En cuanto a los subtextos, se puede interpretar esta obra como una exploración de la identidad femenina en una época de transición. El atuendo, aunque elegante, no es ostentoso; más bien, sugiere un cierto refinamiento discreto. La mirada directa y la expresión contenida podrían interpretarse como una declaración de independencia o una reflexión sobre el papel de la mujer en la sociedad. La atmósfera general, impregnada de cierta nostalgia, podría aludir a la fugacidad del tiempo y la belleza efímera. El fondo borroso invita a la contemplación, sugiriendo que la verdadera profundidad reside en la figura representada y su mundo interior. La técnica pictórica, con sus pinceladas expresivas, transmite una sensación de intimidad y cercanía, como si el espectador estuviera compartiendo un momento privado con la retratada.