Anton Romako (Mathilde, the Artist’s Second Daughter) – Матильда, вторая дочь художника
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La iluminación es suave y difusa, creando una atmósfera íntima y delicada. Se percibe una luz cálida que modela sus facciones, resaltando la palidez de su piel y el brillo en sus ojos grandes y expresivos. La mirada directa a quien observa genera una sensación de conexión personal e incluso un ligero desconcierto.
La niña viste un vestido blanco con encaje, cuyo tejido se sugiere mediante pinceladas rápidas y vibrantes que capturan la textura y la caída del mismo. En su mano izquierda sostiene un racimo de flores blancas y lilas, mientras que en la otra, una vara o bastón adornado con cintas azules y un abanico de plumas. Estos elementos accesorios parecen más simbólicos que funcionales; sugieren una cierta formalidad y quizás una conexión con el mundo adulto, aunque su expresión facial permanece infantil e inocente.
La autora ha logrado capturar una complejidad emocional sutil en la mirada de la niña. No se trata simplemente de una representación de belleza infantil, sino de una exploración de la psicología de un momento fugaz. Hay una melancolía contenida en sus ojos, una quietud que invita a la reflexión sobre su interioridad. La ligera inclinación de la cabeza y el leve fruncimiento del entrecejo podrían interpretarse como signos de curiosidad, timidez o incluso una incipiente comprensión del mundo que la rodea.
El uso del color es deliberado: los tonos pastel del vestido contrastan con la oscuridad del fondo, mientras que las flores aportan un toque de vitalidad y frescura. La firma en la esquina superior derecha, aunque discreta, confirma la autoría y sitúa la obra dentro de una tradición pictórica realista y sentimental. En definitiva, el retrato trasciende la mera representación física para ofrecer una ventana a la psique infantil, invitando al espectador a contemplar la belleza efímera de la niñez y la complejidad de las emociones humanas.