Adolph von Menzel – The Coronation of William I at Konigsberg in 1861
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En primer plano, sobre una plataforma elevada, se distingue la figura principal, probablemente el monarca, ataviado con ropas suntuosas y rodeado de dignatarios eclesiásticos y militares. La disposición de los personajes sugiere una jerarquía clara: el rey ocupa el lugar central, mientras que las figuras secundarias lo flanquean en posiciones subordinadas. Se percibe un movimiento controlado, casi coreografiado, entre los presentes, con gestos solemnes y miradas dirigidas hacia la figura coronada.
La multitud observadora es variada; se distinguen miembros de la nobleza, oficiales militares, clérigos y otros personajes relevantes de la época. La representación de sus rostros revela una mezcla de reverencia, expectación y curiosidad. El artista ha logrado capturar la atmósfera vibrante y el fervor del momento, utilizando una pincelada suelta y expresiva que transmite la sensación de movimiento y vitalidad.
Más allá de la descripción literal del evento, la pintura parece aludir a temas de poder, legitimidad y tradición. La grandiosidad del escenario, la opulencia de los atuendos y la solemnidad del ritual contribuyen a crear una imagen de autoridad indiscutible. La presencia de figuras religiosas sugiere una justificación divina para el reinado, mientras que la multitud observa con respeto, simbolizando la aceptación del poder monárquico por parte del pueblo.
Se intuye también un subtexto sobre la importancia de la representación y el espectáculo en la construcción de la identidad nacional y la consolidación del poder político. La escena no es simplemente una documentación fidedigna de un evento histórico, sino una puesta en escena cuidadosamente elaborada para transmitir un mensaje específico: la grandeza y la estabilidad del reino. La multitud, aunque representada con cierta individualidad, funciona también como un elemento homogeneizador, reforzando la idea de unidad nacional bajo el liderazgo del monarca. La composición general, con su perspectiva ascendente que dirige la mirada hacia la figura central, refuerza aún más esta jerarquía visual y simbólica.