Jose Benlliure Y Gil – El Tio Andreu de Rocafort
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El hombre viste ropa sencilla y desgastada: una camisa blanca de mangas enrolladas, pantalones oscuros y un gorro de tela que le cubre la cabeza. Sus manos, marcadas por el trabajo y los años, descansan sobre sus rodillas, revelando venas prominentes y una piel curtida por el sol. Los pies, descalzos y con calcetines desgastados, sugieren una vida cercana a la tierra y al esfuerzo manual.
A su lado, se apoya un rastrillo de madera, cuyo mango se extiende verticalmente en el lienzo, creando una línea diagonal que dinamiza la composición. La presencia del rastrillo es significativa; evoca el trabajo agrícola, la labor diaria y la conexión con la naturaleza. En el suelo, junto a sus pies, se encuentran unas pocas frutas, posiblemente melocotones o albaricoques, que aportan un toque de color y vitalidad a la escena, contrastando con la austeridad del entorno y la figura principal.
La iluminación es tenue y cálida, proveniente probablemente de una fuente de luz no visible en el cuadro, lo que crea sombras profundas y acentúa las arrugas y los detalles del rostro del hombre. El fondo se presenta oscuro y difuso, sin ofrecer información precisa sobre el lugar donde se encuentra la figura, pero contribuyendo a crear una atmósfera de intimidad y recogimiento.
Más allá de la representación literal de un campesino en reposo, esta pintura parece explorar temas como la dignidad del trabajo manual, la vejez, la conexión con la tierra y la reflexión sobre la vida. La expresión facial del hombre sugiere una experiencia vital rica y compleja, marcada por el esfuerzo pero también por la sabiduría y la aceptación. La sencillez de los objetos representados –el rastrillo, las frutas, la ropa humilde– refuerza la idea de una existencia austera pero auténtica, alejada de la ostentación y centrada en lo esencial. La composición, con su equilibrio entre la figura humana y el entorno, invita a la contemplación y a la reflexión sobre los valores fundamentales de la vida rural.