John William Godward – A Fond Farewell
Ubicación: Private Collection
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Aquí se observa una escena de marcada quietud y melancolía. Una figura femenina, ataviada con un peplo de tonalidades rojizas y púrpura, se encuentra sentada sobre una estructura arquitectónica de mármol blanco. Su postura es ligeramente inclinada hacia adelante, el cuerpo orientado hacia la vista que ofrece el horizonte marino. La mujer sostiene en su mano un abanico de plumas, cuyo movimiento parece interrumpir apenas la atmósfera de recogimiento que la envuelve.
El paisaje que se extiende tras ella es notable: un mar azul intenso bajo un cielo salpicado de nubes blancas y esponjosas. La luz, aunque brillante, no es deslumbrante; más bien, contribuye a una sensación general de serenidad y nostalgia. La arquitectura, con sus líneas rectas y su acabado pulido, sugiere un contexto clásico, posiblemente mediterráneo o griego.
El rostro de la mujer, parcialmente visible, denota una expresión de tristeza contenida, casi de resignación. Su mirada se pierde en el horizonte, como si contemplara algo que ya no está presente o que está a punto de desaparecer. La elegancia de su vestimenta contrasta con la aparente soledad del momento.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de pérdida, despedida y añoranza. El abanico, un objeto asociado tradicionalmente con el cortejo y la alegría, aquí adquiere una función más ambivalente: podría simbolizar tanto un intento de aliviar el calor emocional como una forma de ocultar las lágrimas o disimular la pena. La arquitectura clásica evoca un pasado idealizado, quizás perdido para siempre. La figura femenina, aislada en su contemplación, representa la fragilidad humana frente al paso del tiempo y a la inevitabilidad de la separación. El mar, con su vastedad e inmensidad, podría interpretarse como una metáfora de lo desconocido o de un futuro incierto. En definitiva, el conjunto transmite una profunda sensación de melancolía y reflexión sobre la naturaleza transitoria de las cosas.