John William Godward – Dolce Far Niente
Ubicación: Private Collection
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Aquí se observa una escena de aparente idilio y reposo. Una figura femenina, vestida con un manto púrpura que revela parte de su torso en un tono carmín, descansa sobre una estructura pétrea, posiblemente un balcón o terraza. Su postura es relajada, la cabeza apoyada sobre lo que parece ser el pelaje de un felino, quizás un leopardo o pantera. La mirada se dirige hacia abajo, sugiriendo introspección o simplemente un estado de somnolencia placentera.
El entorno inmediato está definido por una columna clásica de mármol, parcialmente visible a la izquierda, y una barandilla que delimita el espacio donde reposa la mujer. Más allá, se extiende un paisaje mediterráneo: un mar azul intenso bajo un cielo diurno con pinceladas de nubes rosadas, salpicado de vegetación exuberante – arbustos florecientes en tonos violetas y cipreses delineando el horizonte. La luz es cálida y difusa, contribuyendo a una atmósfera de tranquilidad y languidez.
La presencia del felino es significativa. Más allá de ser un mero acompañante, su pelaje moteado contrasta con la suavidad de las telas y la piel de la mujer, introduciendo una nota de exotismo y quizás, de peligro latente. El animal, aunque aparentemente dócil, evoca instintos primarios y una conexión con la naturaleza salvaje que se opone a la civilización representada por la arquitectura clásica.
La composición sugiere un momento robado al tiempo, una pausa en el devenir cotidiano. La expresión facial de la mujer es ambigua; no hay alegría evidente, sino más bien una serenidad pasiva, casi melancólica. Se puede interpretar como una representación del dolce far niente, ese placer de la ociosidad y la contemplación que se asocia a menudo con la cultura italiana.
En términos subtextuales, la obra plantea interrogantes sobre el papel de la mujer en la sociedad, su relación con la naturaleza y la búsqueda de la felicidad. La escena, aunque idealizada, podría ser una crítica implícita a las restricciones impuestas a la mujer en determinados contextos históricos, o una celebración de la libertad individual y la conexión con lo primordial. El contraste entre el entorno clásico y la presencia del animal salvaje también puede interpretarse como una tensión entre la civilización y la naturaleza, entre el orden y el caos. La pintura invita a la reflexión sobre los valores que definen la existencia humana y la búsqueda de un equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu.