Suzuki Harushige – harushige2
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La composición está meticulosamente organizada. Las figuras están dispuestas en un triángulo visual, con el conejo como punto focal inferior. La luz, aunque sutil, parece provenir de la ventana visible a través de las celosías, iluminando los rostros y los detalles de la vestimenta. El fondo, representado mediante una vista al aire libre, muestra un paisaje invernal estilizado: árboles desnudos, un cuerpo de agua con aves acuáticas y montañas nevadas en la lejanía. La perspectiva es plana, característica del arte ukiyo-e, pero se logra cierta profundidad a través de la superposición de elementos.
El conejo, elemento central, podría interpretarse como símbolo de pureza, fertilidad o incluso buena suerte, conceptos recurrentes en la iconografía japonesa. Su presencia junto al agua sugiere una conexión con la naturaleza y los ciclos vitales. La interacción entre las mujeres es delicada; no hay gestos evidentes de alegría o tristeza, sino más bien una contemplación silenciosa. La postura de la mujer sentada, inclinada hacia el conejo, denota un interés particular en él, quizás una reverencia o un momento de intimidad.
El uso del color es notable: los tonos verdes predominan en el primer plano, contrastando con los colores más fríos y apagados del paisaje invernal. Los kimonos exhiben patrones intrincados que sugieren estatus social y refinamiento cultural. La caligrafía japonesa presente en la esquina superior derecha probablemente contenga un poema o una inscripción relacionada con la escena representada, añadiendo otra capa de significado a la obra.
En general, esta pintura evoca una sensación de armonía, serenidad y contemplación. Más allá de la representación literal de una escena cotidiana, parece aludir a valores culturales como la conexión con la naturaleza, el respeto por los animales y la búsqueda de la belleza en lo simple. La composición equilibrada y la paleta de colores cuidadosamente seleccionada contribuyen a crear un ambiente de elegancia y sofisticación.