Sebastiano Ricci – Bacchus And Ariadne
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En primer plano, una figura femenina desnuda se encuentra en el centro del conjunto. Su postura es activa y su mirada dirigida hacia un hombre joven que le ofrece una vasija. A su alrededor, una multitud de figuras masculinas, también parcialmente desnudas, parecen embriagadas por la alegría o el vino. Algunos levantan objetos circulares, posiblemente escudos o platos, mientras otros se retuercen en gestos de éxtasis. Un león yacente a sus pies añade un elemento de simbolismo y poder salvaje a la escena.
La disposición de las figuras es compleja y crea una sensación de movimiento circular. La artista ha empleado una paleta de colores cálidos, dominada por tonos ocres, dorados y rojizos, que intensifican la atmósfera festiva y sensual. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la composición, resaltando las figuras principales y sumiendo en penumbra los elementos secundarios.
En el segundo plano, se vislumbran otras figuras, algunas reclinadas sobre una estructura arquitectónica decorada con motivos vegetales. Esta zona más alejada contribuye a la sensación de profundidad y sugiere un espacio ilimitado para la celebración. La presencia de árboles y follaje refuerza la conexión con la naturaleza y evoca un ambiente de lo salvaje y primordial.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como el amor, el deseo, la embriaguez y la transformación. El león, tradicionalmente asociado con la fuerza y el poder, podría simbolizar la liberación de las restricciones sociales o la entrega a los instintos primarios. La vasija que se ofrece a la figura femenina puede representar una ofrenda divina o un acto de generosidad. La atmósfera general sugiere una celebración de la vida en su plenitud, con sus momentos de alegría y desenfreno. El cielo tormentoso podría interpretarse como una metáfora de las pasiones humanas, capaces de generar tanto belleza como caos. La composición invita a la reflexión sobre la naturaleza humana y los límites entre lo sagrado y lo profano.