Paolo Porpora – Still Life with Serpents, Fly Agarics and Thistles
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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En esta composición naturalista, el autor ha dispuesto una serie de elementos que sugieren un universo cargado de simbolismo y ambivalencia. Predominan tonalidades oscuras, casi monocromáticas, que acentúan la atmósfera opresiva y misteriosa del conjunto.
El foco visual recae sobre un grupo de hongos, presumiblemente Amanita muscaria, reconocibles por sus llamativos sombreros anaranjados moteados de blanco. Estos ejemplares, tradicionalmente asociados con el engaño y los peligros ocultos, se presentan como protagonistas centrales, ocupando una posición prominente en la composición. Su coloración vibrante contrasta notablemente con la penumbra que envuelve el resto de la escena, atrayendo la mirada del espectador hacia su potencial toxicidad.
Acompañando a los hongos, serpientes entrelazadas se deslizan entre las sombras, añadiendo una capa adicional de inquietud y simbolismo. La serpiente, arquetipo universal de tentación, conocimiento prohibido y peligro latente, refuerza la idea de un mundo donde la belleza puede ocultar veneno. Su presencia sugiere una amenaza sutil pero constante, una advertencia implícita sobre los peligros inherentes a la naturaleza y al propio conocimiento.
En el fondo, se vislumbran cardos espinosos, que contribuyen a la sensación general de hostilidad y dificultad. Estos elementos vegetales, con sus púas afiladas, simbolizan obstáculos, sufrimiento y la necesidad de precaución ante lo desconocido.
Un pequeño insecto alado, una mariposa quizás, se encuentra en primer plano, ofreciendo un contraste delicado pero frágil frente a la oscuridad circundante. Podría interpretarse como un símbolo de esperanza o transitoriedad, una efímera belleza que coexiste con el peligro y la decadencia.
La disposición de los objetos sugiere una reflexión sobre la dualidad inherente al mundo natural: la belleza y el peligro, la vida y la muerte, la inocencia y la corrupción. La ausencia de figuras humanas intensifica esta sensación de aislamiento y misterio, invitando a la contemplación individual y a la interpretación personal del significado subyacente de la obra. El conjunto evoca una atmósfera de melancolía y presagio, donde lo bello y lo peligroso se entrelazan en un equilibrio precario.