Andrey Shilder – Ravine
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
Comentarios: 1 Ответы
Las banderas de la batalla otoñal,
rasgadas por el torrente dorado de septiembre.
Alguien observa cómo pierde,
como una página gruesa del calendario, sus hojas.
Y toda esta vida es tan poca,
que olvidé con un sobresalto la sal.
¿Con quién nos llevará el camino a la discordia?
Tan obvia como el dolor.
Pero eso sí, estoy adornado por el tiempo:
mi cabeza se vuelve plateada.
Las nubes son torres majestuosas
de una existencia apenas comprendida.
No se puede comentar Por qué?
El autor ha dispuesto una densa vegetación en los bordes de la garganta, con árboles de follaje variado: algunos exhiben tonos otoñales intensos – amarillos, naranjas y rojos– mientras otros permanecen verdes, creando un contraste cromático vibrante que acentúa la sensación de profundidad. La luz, difusa y suave, parece filtrarse entre las nubes grises del cielo, iluminando selectivamente algunas áreas del terreno y contribuyendo a una atmósfera melancólica y contemplativa.
La paleta de colores es rica en matices terrosos y verdes, con toques de amarillo y naranja que sugieren la transición estacional. La pincelada es suelta y expresiva, especialmente visible en la representación de los árboles y la vegetación, donde se aprecia una textura palpable. El agua del arroyo o río, reflejo del cielo nublado, añade un elemento de quietud y serenidad a la escena.
Más allá de la descripción literal del paisaje, el cuadro parece sugerir una reflexión sobre la naturaleza transitoria de las cosas. La presencia de los colores otoñales evoca la decadencia y el paso del tiempo, mientras que la garganta misma puede interpretarse como un símbolo de lo profundo, de lo oculto, o incluso de la fragilidad inherente a la existencia. El paisaje no se presenta como un lugar habitado, sino más bien como un espacio contemplativo, donde el observador puede sumergirse en la belleza silenciosa y melancólica del mundo natural. La ausencia de figuras humanas refuerza esta sensación de aislamiento y soledad, invitando a una introspección personal. El horizonte difuso sugiere una extensión infinita, una promesa de lo desconocido que se esconde más allá de lo visible.