Childe Frederick Hassam – flags on the friars club 1918
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El color dominante es el ocre, presente en las fachadas de los edificios y en la vegetación que emerge del centro de la composición. Esta paleta cálida contrasta con los tonos azules y grises que definen el pavimento y el cielo, creando una atmósfera melancólica pero a la vez vibrante. La luz parece provenir de múltiples fuentes, generando reflejos y sombras que dinamizan la superficie de las calles.
En primer plano, dos figuras femeninas conversan mientras caminan. Sus atuendos sugieren un estatus social modesto; sus gestos y postura transmiten una sensación de cotidianidad y familiaridad con el entorno. Un carro tirado por caballos se encuentra a medio camino, ofreciendo frutas y verduras, lo que refuerza la impresión de una escena cotidiana en un barrio popular.
Una bandera estadounidense ondea prominentemente desde uno de los edificios, captando la atención del espectador. Su presencia es significativa, especialmente considerando el contexto histórico de 1918 – año marcado por la Primera Guerra Mundial y la creciente participación de Estados Unidos en el conflicto. La bandera no solo simboliza patriotismo, sino que también podría interpretarse como una declaración de identidad nacional en un momento de incertidumbre global.
La estructura elevada que cruza sobre las calles, con sus arcos y barandas, añade complejidad a la composición y sugiere una ciudad en expansión, donde la infraestructura se adapta a las necesidades cambiantes de la población. El árbol situado en el centro del cuadro, aunque aparentemente natural, parece integrado artificialmente en el paisaje urbano, un intento quizás de introducir elementos orgánicos en un entorno predominantemente construido.
En términos subtextuales, la pintura evoca una sensación de transición y cambio. La combinación de elementos tradicionales (el carro de caballos, los edificios antiguos) con símbolos de modernidad (la bandera estadounidense, la estructura elevada) sugiere una sociedad en proceso de transformación, donde el pasado y el futuro coexisten en tensión. La conversación entre las mujeres podría interpretarse como un reflejo de la vida cotidiana de la clase trabajadora, ajena a los grandes acontecimientos que se desarrollan a nivel mundial. La atmósfera general es de quietud aparente, pero bajo la superficie se percibe una energía latente, una promesa de cambio inminente.