Childe Frederick Hassam – parc monceau (paris) 1897
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En primer plano, dos figuras femeninas se destacan. Una, vestida con un largo vestido color mostaza, permanece estática, su postura sugiriendo una actitud contemplativa o quizás una espera. La segunda figura, ataviada con un atuendo más ligero y blanco, avanza hacia ella, creando una sensación de movimiento que contrasta con la quietud de la primera. Sus siluetas se definen a través de pinceladas rápidas y sueltas, evitando una representación realista en favor de una impresión general.
El parque se extiende detrás de ellas, delineado por un follaje denso y exuberante. Se perciben árboles altos con copas frondosas que filtran la luz del sol, generando un juego de sombras y reflejos sobre el césped. En la distancia, otras figuras humanas aparecen difuminadas, integrándose en el paisaje como parte de la vida cotidiana del parque.
La paleta cromática es rica y variada, dominada por tonos cálidos: amarillos, naranjas, verdes dorados y toques de rojo intenso en los jardines que flanquean el camino central. Esta elección contribuye a crear una atmósfera de optimismo y bienestar. La pincelada es suelta y visible, característica de un estilo que busca capturar la fugacidad del momento y la impresión subjetiva del artista ante la naturaleza.
Más allá de la representación literal del parque, la obra parece sugerir reflexiones sobre el tiempo, la contemplación y la vida social en la ciudad. La presencia de las figuras femeninas evoca una escena cotidiana, un encuentro casual o una conversación privada en un espacio público. El uso de la luz y el color contribuye a crear una atmósfera de ensueño, invitando al espectador a sumergirse en la quietud y la belleza del momento capturado. Se intuye una cierta melancolía subyacente, quizás inherente a la fugacidad de la experiencia humana frente a la permanencia de la naturaleza.