Juan De Flandes – JUAN DE FLANDES Pentecost
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En el centro, una figura femenina, presumiblemente la Virgen María, ocupa un lugar de honor sobre un sillón ricamente decorado. Su vestimenta, un hábito oscuro con un velo blanco impecable, denota su pureza y posición singular dentro del contexto narrativo. Sus manos están extendidas en un gesto que sugiere recepción o intercesión. Un libro abierto reposa sobre sus rodillas, posiblemente aludiendo a la palabra divina o a las escrituras que inspiran el evento que se representa.
Alrededor de María, una multitud de figuras masculinas reacciona con fervor y asombro. Sus rostros expresan sorpresa, devoción y un profundo sentimiento religioso. Las manos levantadas en señal de adoración o súplica refuerzan la atmósfera de intensa espiritualidad. La variedad de vestimentas –túnicas blancas, ropas sacerdotales con ornamentos carmesí– sugiere una diversidad de roles dentro de la comunidad religiosa.
En el extremo superior del cuadro, un halo luminoso emana de una figura alada que desciende desde lo alto: es el Espíritu Santo, representado como una paloma blanca. Su presencia ilumina la escena y enfatiza la naturaleza divina del acontecimiento. La luz no solo resalta a la paloma sino que también baña los rostros de los presentes, acentuando su expresión de asombro.
La composición se caracteriza por un uso cuidadoso de la perspectiva y el claroscuro. El artista ha empleado una iluminación intensa para dirigir la atención del espectador hacia la figura central y el evento divino. La disposición de las figuras crea una sensación de movimiento y dinamismo, sugiriendo que el momento capturado es uno de transformación y revelación.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la gracia divina, la fe, la intercesión maternal y la comunión espiritual. La representación de la Virgen María como mediadora entre Dios y la humanidad añade una capa de significado a la escena, enfatizando su papel en el plan divino. La multitud que rodea a María simboliza la comunidad de creyentes, unidos por la fe y la búsqueda de lo trascendente. El libro abierto podría interpretarse como un símbolo del conocimiento revelado o de la palabra de Dios que ilumina las vidas de los presentes.