Portrait of Count F.V. Rostopchin Orest Adamovich Kiprensky (1782-1836)
Orest Adamovich Kiprensky – Portrait of Count F.V. Rostopchin
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Pintor: Orest Adamovich Kiprensky
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
Orest Adamovich Kiprensky trabajó por la gloria de su país. En las exposiciones internacionales de arte en el extranjero, el artista se posicionó como embajador del arte ruso. Un maestro del retrato. Pintó a muchos personajes famosos: generales, escritores, poetas. Uno de sus famosos cuadros fue el retrato del político Rostopchin. El conde Rostopchin fue un mecenas del artista, más de una vez le prestó ayuda y apoyo desinteresados.
Descripción del cuadro "Retrato de Rostopchin" de Orest Kiprensky
Orest Adamovich Kiprensky trabajó por la gloria de su país. En las exposiciones internacionales de arte en el extranjero, el artista se posicionó como embajador del arte ruso. Un maestro del retrato. Pintó a muchos personajes famosos: generales, escritores, poetas. Uno de sus famosos cuadros fue el retrato del político Rostopchin.
El conde Rostopchin fue un mecenas del artista, más de una vez le prestó ayuda y apoyo desinteresados. Kiprensky asistía a menudo al famoso Salón Rostopchin, que reunía a toda la flor y nata de Moscú. Rostopchin fue una figura célebre que tuvo una exitosa carrera durante el reinado de Pedro el Grande. Durante el ataque francés a Moscú, el conde fue comandante en jefe de la ciudad. Rostopchin participó activamente en la salvación de los bienes del Estado, pero también contribuyó a la destrucción de Moscú por el fuego, para que no pasara a manos de los franceses. Mucha gente conoce a Rostopchin por el famoso libro Guerra y Paz, que describe la imagen caricaturesca del conde. De hecho, Rostopchin es una persona versátil, que es lo que Kiprensky trató de mostrar en su cuadro.
Su retrato fue realizado en 1809. Al pintar, el artista siguió las tradiciones del estricto retrato de cámara del siglo XVIII. El espectador del lienzo no puede ver el entorno externo (ropa o figura), sino el mundo interior del hombre. Ni un solo detalle de la pintura insinúa su alto estatus. El Conde va vestido como la mayoría de la alta sociedad de su época. Va vestido con una gabardina oscura clásica y lleva un chal blanco atado al cuello. Está vestido con un fondo marrón liso que no distrae de la contemplación del modelo.
La imagen muestra el rostro de un hombre noble y educado. Su frente alta delata su inteligencia natural. Rostopchin parece un hombre abierto, tranquilo y juicioso.
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La paleta cromática se centra en tonos oscuros y apagados: predominan el negro del abrigo, el blanco de la camisa con cuello almidonado y los marrones terrosos del fondo y la silla. Esta limitación tonal contribuye a una atmósfera solemne y austera. La iluminación es suave y difusa, sin puntos de luz dramáticos, lo que favorece un retrato psicológico más que una mera representación física.
El hombre está vestido con un abrigo negro cerrado sobre una camisa blanca. El corte del abrigo sugiere la época, probablemente principios del siglo XIX. Su cabello, peinado con cierta formalidad, revela canas incipientes, indicando su edad y posiblemente experiencia. La expresión facial es compleja: se percibe una mezcla de melancolía, cansancio e incluso un atisbo de resignación. Los ojos, ligeramente hundidos, transmiten una sensación de introspección y quizás, cierto sufrimiento interior.
El detalle de la silla, aunque simple, añade información sobre el estatus social del retratado; se trata de un mueble funcional pero de cierta calidad. La inscripción en la parte inferior derecha, con las iniciales F.V. y la fecha 1809, proporciona una identificación indirecta y contextualiza la obra en un momento histórico específico.
Más allá de la representación literal, el retrato sugiere una narrativa subyacente. El semblante del hombre no es de alegría o prosperidad, sino de alguien que ha vivido experiencias difíciles. La sobriedad del atuendo y la ausencia de adornos refuerzan esta impresión de austeridad y quizás, un cierto grado de desilusión. Podría interpretarse como una representación de un individuo marcado por las responsabilidades públicas, el peso de la toma de decisiones o incluso, las consecuencias de eventos históricos turbulentos. La mirada fija y distante sugiere una reflexión profunda sobre el pasado y el futuro, dejando al espectador con una sensación de misterio e intriga sobre la vida del retratado.