The Magician (follower) Hieronymus Bosch (1450-1516)
Hieronymus Bosch – The Magician (follower)
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Pintor: Hieronymus Bosch
Ubicación: City Museum (Musée municipal), Saint-Germain-en-Laye.
El cuadro "El prestidigitador", del artista flamenco Hieronymus Bosch, lamentablemente no ha sobrevivido. Hoy sólo podemos admirar copias de la obra. La copia más fiel es la obra conservada en el Museo de Saint-Germain-en-Laye. También se desconoce la fecha del original, sólo presumiblemente referida a los primeros trabajos del Bosco. Corresponde a las figuras sin enmarcar y a la alteración de la reducción de la perspectiva, que corresponde a la inmadurez del maestro. El cuadro es un ejemplo de la antigua sátira que nos recuerda cómo la fe ciega y la estupidez arruinan a la gente.
Descripción del cuadro El Mago de Hieronymus Bosch
El cuadro "El prestidigitador", del artista flamenco Hieronymus Bosch, lamentablemente no ha sobrevivido. Hoy sólo podemos admirar copias de la obra. La copia más fiel es la obra conservada en el Museo de Saint-Germain-en-Laye.
También se desconoce la fecha del original, sólo presumiblemente referida a los primeros trabajos del Bosco. Corresponde a las figuras sin enmarcar y a la alteración de la reducción de la perspectiva, que corresponde a la inmadurez del maestro.
El cuadro es un ejemplo de la antigua sátira que nos recuerda cómo la fe ciega y la estupidez arruinan a la gente. La trama de esta escena tiene dos interpretaciones. Algunos estudiosos lo califican de advertencia contra los estafadores y de reprimenda a los necios que están dispuestos a creer a los ladrones astutos y taimados. Un mago y los curiosos están sentados junto al erizado muro de piedra.
Sobre la mesa se pueden ver las herramientas de un charlatán que está tomando el pelo a un público crédulo. No se puede reconocer inmediatamente la rana situada en el borde izquierdo de la mesa, sobre la que uno de los espectadores se inclina con asombro. El mago acaba de convencerle a él y al resto del público de que ha salido por arte de magia de la boca del hombre. Así, tras haber captado por completo la atención de la multitud, el charlatán permite a otro embaucador, o posiblemente a su propio socio, vaciar los bolsillos de los plebeyos. El engaño teatral se expresa mediante los símbolos de un búho -prototipo de las intrigas del diablo- y un perro vestido de bufón.
Otros atribuyen la extracción de la rana a un rito de exorcismo de la Iglesia. Desde este punto de vista, "El Embaucador" no es simplemente una parodia humorística, sino una burla al clero, como un falso mago que engaña a los jefes de la congregación.
El Arlequín se considera a menudo una sátira de los embaucadores y de los bribones insensatos que están dispuestos a confiar en cualquier bribón. Al extraer la rana, los críticos de arte han sugerido que se trata de una burla al rito del exorcismo de la Iglesia.
El cuadro se convierte en una protesta antirreligiosa y una parodia de los clérigos que engañan a los ingenuos feligreses. Esta versión se ve reforzada por la vestimenta del mago, que recuerda a la sotana de un cardenal, y el atuendo del ladrón, de monje dominico.
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La disposición de los espectadores es significativa. Se agrupan densamente, creando una barrera visual entre el mago y la parte trasera del plano. Una mujer vestida de rosa, con un niño a sus pies, parece ser la figura central en este grupo, su mirada fija en el mago con una mezcla de fascinación e incredulidad. La presencia de otros personajes, como el hombre con el gorro rojo que observa con desdén o la mujer con el velo que parece más preocupada por su atuendo que por el espectáculo, añade complejidad a la interpretación.
El mobiliario sobre el cual se desarrolla la escena es un elemento clave. La mesa, tosca y de madera, sostiene una serie de objetos aparentemente relacionados con las artes mágicas: conos, campanillas, una regla, un anillo, e incluso lo que parece ser una pequeña jaula vacía. Estos elementos no solo sirven para contextualizar la acción, sino que también pueden interpretarse como símbolos de engaño o ilusión.
El fondo, con su muro oscuro y el cielo crepuscular salpicado por una luna menguante, contribuye a crear una atmósfera de misterio y ambigüedad. La vegetación que crece sobre el muro sugiere un espacio delimitado, quizás un jardín o patio trasero, pero también puede interpretarse como una representación simbólica de la naturaleza indomable del engaño.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la credulidad humana, la naturaleza de la verdad y la capacidad del individuo para ser persuadido por la apariencia. La mezcla de personajes sugiere una crítica a las jerarquías sociales y a la facilidad con que incluso los más ilustrados pueden caer en la trampa de la ilusión. La presencia del niño, observando con inocencia el espectáculo, podría interpretarse como un comentario sobre la vulnerabilidad de la juventud ante la manipulación. En definitiva, se trata de una representación sutilmente irónica de la fascinación humana por lo inexplicable y la fragilidad de nuestra percepción de la realidad.