Hieronymus Bosch – The Haywain, central panel
Ubicación: Prado, Madrid.
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En el centro de la composición se alza un enorme montículo de heno, que domina la escena y atrae la atención del espectador. Sobre este cúmulo, una figura femenina recostada, vestida con ropas carmesí, es atendida por ángeles; su postura sugiere una situación de reposo o vulnerabilidad. En el cielo, visible en la parte superior, se distingue una representación divina que bendice la escena.
La base del montículo está repleta de una multitud bulliciosa y heterogénea de figuras humanas. Se observa un intenso movimiento: personas cargan heno, pelean, beben, tocan instrumentos musicales, juegan a los dados, e incluso cometen actos violentos. La actividad se presenta caótica y desordenada, con individuos absortos en sus propios quehaceres y placeres terrenales.
La pintura exhibe una gran diversidad de personajes: campesinos, nobles, clérigos, soldados, mendigos, niños… Esta variedad sugiere una representación de la totalidad de la sociedad humana. Algunos personajes parecen ignorar por completo la figura femenina sobre el heno, mientras que otros se involucran en actividades frívolas o pecaminosas.
En primer plano, se distinguen objetos y acciones que evocan la vanidad y los pecados capitales: un hombre intenta robar a otro, una pareja participa en un juego de azar, un grupo se entrega a la bebida y el festín. La presencia de instrumentos musicales y bailes sugiere una atmósfera de hedonismo y desenfreno.
El paisaje circundante, visible al fondo, presenta una ciudad distante y un terreno rural que contrasta con el caos del primer plano. Esta separación podría simbolizar la diferencia entre el mundo terrenal y el reino celestial.
La obra parece explorar la fragilidad de la existencia humana y la inevitabilidad de la muerte. El heno, símbolo de abundancia y prosperidad, también puede interpretarse como una metáfora de la vida efímera y transitoria. La figura femenina en el centro podría representar a la humanidad misma, vulnerable ante las tentaciones del mundo material y amenazada por el pecado. Los ángeles podrían simbolizar la gracia divina que intenta rescatar al hombre de su propia perdición. En general, la pintura plantea una reflexión sobre la moralidad, la salvación y el destino final del ser humano.