Hieronymus Bosch – The Seven Deadly Sins and the Four Last Things - Death of a sinner (workshop or follower)
Ubicación: Prado, Madrid.
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La escena representada se centra en el lecho de muerte de un individuo. El moribundo yace pálido, con los ojos cerrados o mirando hacia arriba, sugiriendo una transición entre la vida y la muerte. Su cuerpo está cubierto por sábanas rojas, color que tradicionalmente simboliza tanto la pasión como el sufrimiento.
Alrededor del lecho se agrupa un conjunto de figuras. Un clérigo lee un libro abierto, presumiblemente pasajes religiosos destinados a confortar al agonizante o guiar su alma. Otros dos miembros del clero asisten, mientras que una mujer y un hombre observan con expresiones de dolor y preocupación. Una segunda mujer, sentada en el fondo, parece más distante, quizás representando la aceptación resignada ante lo inevitable.
Un elemento perturbador es la presencia de una figura esquelética asomándose desde detrás del dosel de la cama. Esta representación de la muerte, visible pero no interactuando directamente con los vivos, enfatiza la fragilidad de la existencia y la inevitabilidad del final. Sobre el lecho, un ángel sostiene una balanza, símbolo clásico del juicio divino. En ella se pesan las acciones del difunto, determinando su destino eterno.
En primer plano, otro clérigo eleva una cruz con un relicario, posiblemente buscando la intercesión divina o realizando un último rito de absolución. Un lavabo y otros objetos sobre una mesa sugieren los cuidados físicos que se le brindan al enfermo. Una jaula vacía en el fondo podría simbolizar la liberación del alma del cuerpo terrenal.
La composición circular concentra la atención en el momento crucial de la muerte, mientras que los detalles minuciosos – las vestimentas, los objetos rituales, las expresiones faciales – apuntan a una preocupación por la salvación y el juicio final. La pintura parece advertir sobre la importancia de una vida piadosa para asegurar un buen destino después de la muerte, enfatizando la presencia constante del pecado y la necesidad de redención. El contraste entre los vivos preocupados y la figura esquelética subraya la dualidad de la existencia: la vida terrenal y la inminente llegada de la muerte como evento trascendental.