Hieronymus Bosch – The Adoration of the Magi
Ubicación: Metropolitan Museum of Arts, New York.
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En el centro de la composición, se observa a una figura femenina sentada sobre un elevado trono cubierto con un paño azul intenso. Sostiene en sus brazos a un niño pequeño, desnudo y rodeado de un halo de luz sutil. La mirada de la mujer se dirige hacia los espectadores, transmitiendo serenidad y devoción.
A su alrededor, tres figuras masculinas se postran en actitud reverente. El personaje más cercano a ella ofrece un recipiente dorado, posiblemente conteniendo incienso o mirra; otro, arrodillado, presenta una copa adornada. La tercera figura, vestida con atuendo suntuoso y tocado elaborado, parece inclinarse ante el niño con gran respeto.
El espacio arquitectónico que enmarca la escena es complejo. Se trata de un edificio ruinoso, con torres fragmentadas y arcos abiertos que revelan un paisaje distante. Este fondo no se limita a ser una mera decoración; sugiere una transición entre lo terrenal y lo celestial. En el horizonte, se vislumbran ciudades y colinas, pintados con gran detalle y perspectiva.
La presencia de animales –un buey y un perro pequeño– añade elementos simbólicos a la representación. El buey, tradicionalmente asociado a la humildad y el trabajo, contrasta con la riqueza de los magos. El perro, situado en primer plano, podría representar la fidelidad o la vigilancia.
En la parte superior del cuadro, se distinguen figuras aladas que sostienen un dosel verde sobre la escena principal. Estas entidades angelicales refuerzan la naturaleza sagrada del evento representado.
La paleta de colores es rica y variada, con predominio de tonos azules, rojos y dorados. La luz incide directamente sobre las figuras centrales, creando contrastes que enfatizan su importancia. El tratamiento detallista de los ropajes, los objetos y el paisaje sugiere una preocupación por la precisión y el realismo.
Subtextos potenciales:
La ruina arquitectónica podría aludir a la decadencia del Antiguo Testamento y el advenimiento de una nueva era con el nacimiento del niño. La presencia de figuras provenientes de diferentes orígenes, representadas con atuendos exóticos, sugiere la universalidad del mensaje religioso. El contraste entre la sencillez de la figura materna y la opulencia de los magos podría simbolizar la humildad frente a la riqueza material. La escena se presenta como un momento de transición y revelación, donde lo divino se manifiesta en el mundo terrenal. La cuidadosa representación de detalles naturalistas y arquitectónicos apunta a una intención didáctica, buscando transmitir un mensaje claro y comprensible para el espectador.