Maryse Proulx – Ou est Mon Ballon
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La mirada del niño está dirigida hacia arriba, más allá del horizonte, sugiriendo una intensa concentración o quizás una búsqueda. Sus brazos están cruzados sobre el pecho, una postura que puede interpretarse como frustración, decepción o incluso un gesto de resignación ante una pérdida. La ausencia de cualquier otra figura humana intensifica la sensación de soledad y aislamiento que emana del niño.
El fondo se compone de una representación estilizada del mar, con pinceladas suaves que sugieren el movimiento de las olas. El cielo, difuminado en tonos pastel, contribuye a crear una atmósfera serena pero melancólica. La paleta de colores es vibrante y alegre, contrastando con la expresión aparentemente apesadumbrada del niño.
Más allá de la representación literal de un niño en la playa, esta pintura parece explorar temas universales como la pérdida, la frustración infantil y el anhelo. El objeto perdido – presumiblemente una pelota, a juzgar por el título implícito – se convierte en un símbolo de algo más grande: la inocencia perdida, la desilusión o la transitoriedad de la infancia. La postura del niño, con los brazos cruzados y la mirada fija en el horizonte, evoca una sensación de reflexión profunda, como si estuviera procesando una experiencia dolorosa. La composición, al mantenerlo de espaldas, impide que veamos su rostro, lo cual invita a la proyección de emociones personales en la figura del niño, haciéndolo más universal y accesible para el espectador. La pintura, por tanto, no es simplemente un retrato, sino una evocación poética de un momento fugaz y significativo en la vida de un niño.