Nicolaes Berchem – The Childhood of Jupiter
Ubicación: Private Collection
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En la parte inferior izquierda, una mujer yacente, de piel clara y expresión serena, es rodeada por una multitud de figuras infantiles y animales. La presencia de cabras, tanto entre las figuras humanas como en el primer plano, alude a un origen mítico específico, sugiriendo una transformación o metamorfosis. Los niños, con sus gestos juguetones y miradas curiosas, parecen celebrar la divinidad que se manifiesta en la mujer.
A su derecha, un hombre musculoso, vestido con una túnica roja, observa la escena con una expresión ambivalente; parece contemplar el evento con una mezcla de fascinación y quizás, cierta inquietud. Su postura es dinámica, como si estuviera a punto de intervenir o participar en lo que acontece.
En la parte superior, un grupo de ángeles flota entre nubes, atados por una cadena dorada a la columna central. Esta imagen refuerza la idea de una divinidad trascendente, observando y protegiendo los eventos terrenales. La luz que emana de estos seres celestiales ilumina la escena, otorgándole una atmósfera mística y sobrenatural.
La paleta cromática es rica en tonos cálidos: dorados, ocres, rojos y marrones predominan, creando una sensación de opulencia y vitalidad. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la composición, resaltando las figuras principales y generando contrastes visuales que atraen la atención del espectador.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con el poder, la fertilidad y la divinidad. La mujer yacente podría representar una figura mitológica asociada a la naturaleza o al origen divino, mientras que el hombre podría simbolizar un intento de control o posesión de ese poder. Los niños y las cabras representan la inocencia, la vitalidad y la conexión con lo primordial. La columna central, como símbolo arquitectónico, sugiere una estructura de orden y jerarquía sobre la cual se despliegan estos eventos míticos. La cadena que une a los ángeles con la columna podría interpretarse como un vínculo entre el cielo y la tierra, o quizás, como una restricción impuesta a la divinidad. En definitiva, la pintura invita a la reflexión sobre la naturaleza del poder, la relación entre lo humano y lo divino, y las fuerzas primordiales que moldean el mundo.