Giovanni Bellini – Virgin and Child between the Baptist and Saint Elizabeth
Ubicación: National Gallery of Marche (Galleria Nazionale delle Marche), Urbino.
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En el centro, la figura femenina, presumiblemente la Virgen María, ocupa una posición central pero no dominante. Su rostro, de expresión serena aunque ligeramente melancólica, se dirige hacia adelante, evitando un contacto visual directo con los espectadores. Viste una túnica oscura cubierta por un velo blanco que enmarca su cabello y enfatiza la verticalidad de su figura. En su regazo, el Niño, desnudo y con una anatomía idealizada, parece extenderse hacia el espectador, buscando quizás una conexión más íntima.
A la izquierda, un hombre joven, posiblemente Juan el Bautista, se presenta con una expresión solemne y una mirada intensa. Su cabello largo y rizado cae sobre sus hombros, y su vestimenta es sencilla, revelando parte de su torso. La luz incide sobre su piel, resaltando los detalles de su anatomía y otorgándole un aire de ascetismo.
A la derecha, otra figura femenina, identificable como Santa Isabel, se muestra con una expresión más contenida y una postura ligeramente encorvada. Su rostro está parcialmente oculto por un velo que le confiere un aspecto misterioso y venerable. La luz ilumina su mano extendida hacia el Niño, sugiriendo una ofrenda o bendición.
La paleta de colores es limitada, dominada por tonos oscuros como el marrón, el verde oscuro y el negro, con toques de blanco y carne que resaltan las figuras principales. El uso del claroscuro es notable, creando contrastes dramáticos que acentúan la volumetría de los personajes y dirigen la atención hacia sus rostros y gestos.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la maternidad divina, el sacrificio, la humildad y la devoción religiosa. La mirada esquiva de la Virgen sugiere una introspección profunda, mientras que la expresión solemne de Juan el Bautista evoca su papel profético. La presencia de Santa Isabel refuerza la idea de la santidad y la conexión entre las figuras religiosas representadas. El Niño, con su gesto extendido, podría simbolizar la promesa de salvación o una invitación a la gracia divina. En general, la composición transmite un sentimiento de recogimiento y reverencia, invitando al espectador a contemplar el misterio de la fe.