Rijksmuseum: part 3 – Ast, Balthasar van der -- Stilleven met vruchten en bloemen, 1620-1621
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En primer plano, un conjunto de frutas se amontonan sobre una bandeja plateada: peras maduras, uvas de diversos tonos, melones pálidos y manzanas rojas y verdes. La abundancia es palpable; las frutas parecen casi palpables en su frescura y plenitud. A su lado, conchillas marinas descansan junto a un pequeño nido de caracoles, introduciendo una nota marina inesperada que rompe ligeramente la opulencia frutal.
El sector derecho de la composición se adorna con un ramo floral vibrante. Tulipanes escarlata y rosas pálidas se entrelazan con hojas verdes, creando una explosión de color que contrasta con los tonos más apagados de las frutas. Un pequeño jarrón azul y blanco, decorado con motivos florales, sirve como soporte para este despliegue botánico.
La presencia de insectos – mariposas posadas sobre las flores, escarabajos reptando entre la fruta – no resulta accidental. Estos elementos introducen una dimensión temporal y efímera a la escena. Son recordatorios constantes de la transitoriedad de la belleza y la inevitabilidad del deterioro. La vida se manifiesta en su ciclo completo: crecimiento, plenitud, decadencia.
La disposición meticulosa de los objetos sugiere un cuidado deliberado por parte del artista. No se trata simplemente de una representación realista; es una reflexión sobre la riqueza material, el paso del tiempo y la fragilidad de la existencia. El contraste entre la opulencia de las frutas y la presencia sutil de los insectos invita a una contemplación más profunda sobre la naturaleza de la belleza y su relación con la mortalidad. La tela que cubre la superficie, con sus pliegues y sombras, añade una capa adicional de complejidad visual, contribuyendo a la sensación de profundidad y realismo. En definitiva, se trata de un estudio magistral de la luz, el color y la composición, donde cada elemento está cuidadosamente colocado para evocar una atmósfera de riqueza, serenidad y melancolía.