Rijksmuseum: part 3 – Maris, Jacob -- Landschap in de omgeving van Den Haag, 1891
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La atmósfera general es de quietud y desolación. El cielo, ocupando casi dos tercios del lienzo, transmite una sensación de inminente cambio climático, quizás la promesa de lluvia o la persistencia de un día nublado. La paleta cromática se limita a tonos verdes apagados, marrones terrosos y grises dominantes, acentuando el carácter sombrío de la escena.
En primer plano, una figura solitaria, vestida con ropas oscuras, se encuentra sentada en la orilla del agua, su postura sugiriendo contemplación o melancolía. Su presencia introduce un elemento humano a este paisaje aparentemente deshabitado, invitando a reflexionar sobre la relación entre el individuo y la naturaleza.
El tratamiento de la pincelada es suelto e impresionista; las formas se difuminan y los contornos son imprecisos, contribuyendo a la sensación de inestabilidad y transitoriedad. Se aprecia una cierta textura en la superficie del lienzo, resultado probablemente de una aplicación rápida y gestual de la pintura.
Más allá de la descripción literal del paisaje, esta obra parece sugerir subtextos relacionados con la fugacidad del tiempo, la soledad existencial y la conexión íntima entre el ser humano y su entorno natural. La ausencia de figuras humanas adicionales refuerza la sensación de aislamiento y contemplación introspectiva. El agua, como espejo, refleja no solo el cielo sino también quizás los pensamientos y emociones del espectador.