Rijksmuseum: part 3 – Vanmour, Jean Baptiste -- Turkse bruiloft, 1727-1737
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El primer plano está poblado por numerosos personajes ataviados con ropas distintivas, sugiriendo una ceremonia o evento de importancia cultural. Predominan los colores terrosos en las túnicas masculinas, contrastando con la palidez de los turbantes y velos femeninos. La disposición de los presentes parece organizada, aunque no rígida; se percibe movimiento y dinamismo en sus gestos y posturas. Un grupo más pequeño, situado a la izquierda, destaca por su vestimenta más elaborada y posición ligeramente adelantada, posiblemente indicando un estatus superior dentro del contexto social representado.
El segundo plano, el agua, refleja parcialmente el cielo nublado, creando una atmósfera de luz difusa que suaviza los contornos y contribuye a la sensación de profundidad. La vegetación ribereña es escasa pero detallada, con árboles dispersos que enmarcan la ciudad al fondo.
La ciudad fortificada, situada en el horizonte, se presenta como un elemento crucial del paisaje. Su arquitectura, con cúpulas y minaretes visibles, sugiere una cultura islámica o oriental. La presencia de murallas y torres refuerza la idea de poder y estabilidad. El autor ha logrado transmitir la distancia a través de la disminución del tamaño de los edificios y la atenuación de sus colores.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de identidad cultural, jerarquía social y el encuentro entre Oriente y Occidente. La representación detallada de las vestimentas y costumbres sugiere un interés por documentar una cultura exótica para el público europeo del siglo XVIII. La ciudad fortificada en el fondo podría simbolizar tanto la riqueza como la defensa, insinuando una relación compleja entre el mundo representado y el observador. El evento festivo, con su aparente alegría y orden, contrasta sutilmente con la solidez defensiva de la ciudad, creando una tensión visual que invita a la reflexión sobre las dinámicas de poder y la percepción cultural. La luz tenue y los colores apagados contribuyen a una atmósfera melancólica, sugiriendo quizás una cierta distancia emocional del evento representado.