Pieter Angellis – Gentleman At Table
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El esquema cromático es dominado por tonos cálidos: ocres, dorados y rojos, que contribuyen a la atmósfera opulenta y festiva del encuentro. La luz, aunque no dramática, ilumina de manera selectiva los rostros y las vestimentas de los comensales, acentuando su individualidad y estatus social.
En primer plano, una mujer ataviada con un vestido amarillo llamativo se sienta en un banco, su postura relajada contrasta con la formalidad del entorno. A sus pies, un perro de raza noble observa la escena con curiosidad. A otro lado, otra dama, vestida con tonos pastel, parece absorta en sus pensamientos, mientras sostiene un abanico.
La mesa es el punto focal de la pintura. Se aprecia una abundancia de alimentos y utensilios de plata, indicativos de la prosperidad de los presentes. Los hombres, vestidos con elaborados trajes del siglo XVIII, conversan animadamente, algunos gesticulando con teatralidad. Una figura masculina, posiblemente el anfitrión, se encuentra a la cabeza de la mesa, observando a sus invitados con una expresión que mezcla benevolencia y autoridad.
En el fondo, un arco arquitectónico enmarca una estatua de mármol, cuyo rostro parece observar la escena con cierta solemnidad. La presencia de esta escultura introduce una dimensión simbólica: podría representar la virtud, la sabiduría o incluso la fugacidad del tiempo, contrastando con la alegría efímera del banquete.
El conjunto sugiere un retrato de la aristocracia en su apogeo, donde el placer y la ostentación se combinan con una sutil conciencia de las convenciones sociales. La pintura no solo documenta un momento específico, sino que también alude a valores como la hospitalidad, la generosidad y el refinamiento cultural, propios de la época. La disposición de los personajes y su interacción sugieren jerarquías sociales implícitas, pero también una atmósfera de camaradería y disfrute compartido. La escena, en su conjunto, transmite una sensación de estabilidad y prosperidad, aunque con un ligero matiz melancólico que invita a la reflexión sobre la naturaleza transitoria del placer terrenal.