Élisabeth Louise Vigée Le Brun – Portrait of Marie-Antoinette (à la rose)
Ubicación: Palace of Versailles (Château de Versailles), Paris.
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La paleta cromática se centra en tonos fríos: azules y verdes dominan el fondo, que se difumina con gran delicadeza mediante pinceladas vaporosas. El vestido, de un azul pálido, contrasta sutilmente con la piel de la retratada, resaltando su blancura. La ornamentación del vestido es rica pero no excesiva; los detalles dorados y las aplicaciones florales sugieren una posición social elevada, sin caer en la ostentación.
Un elemento clave es la rosa que sostiene entre sus dedos. Su color rosado aporta un punto de calidez a la escena, atrayendo la atención hacia la mano extendida. La rosa, símbolo universal del amor y la belleza, podría interpretarse como una referencia a la juventud y la inocencia de la retratada, o quizás como una alusión a su papel en el ámbito matrimonial.
La elaborada peluca, con sus adornos florales y plumas, es característica de la moda de la época. Su volumen y complejidad contribuyen a la monumentalidad de la figura, pero también sugieren una cierta artificialidad, un distanciamiento del mundo real. La luz incide sobre el rostro de manera suave, modelando las facciones y acentuando la expresión serena.
En cuanto a los subtextos, se percibe una intención de idealización. La retratada es presentada como una figura elegante y refinada, alejada de las preocupaciones cotidianas. La atmósfera general transmite una sensación de calma y opulencia, propia del entorno aristocrático. No obstante, la sutil melancolía que parece emanar de su mirada podría sugerir una cierta fragilidad o vulnerabilidad subyacente a esa imagen idealizada. La rosa, en este contexto, podría ser interpretada no solo como un símbolo de belleza, sino también como un recordatorio de la fugacidad del tiempo y la transitoriedad de la vida.