Élisabeth Louise Vigée Le Brun – Portrait of Princess Belozersky
Ubicación: National Museum of Women in the Arts, Washington.
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El vestuario resulta peculiar. No se trata de ropas ostentosas o de la moda imperante, sino de una combinación inusual: un chal amarillo sobre una blusa blanca de mangas fruncidas, complementado con un turbante azul y dorado. Este atuendo, más propio del exotismo oriental que de la elegancia europea, introduce una nota de misterio e individualidad en el retrato. La forma en que se envuelve el chal alrededor del cuello y el hombro sugiere una cierta melancolía o introspección.
El rostro de la retratada es sereno, con unos ojos grandes y expresivos que denotan inteligencia y quizás un ligero dejo de tristeza. La boca está ligeramente entreabierta, como si estuviera a punto de hablar, lo que añade una sensación de naturalidad y cercanía. Los pendientes pequeños y discretos son el único adorno visible, reforzando la impresión de sencillez y elegancia contenida.
La pintura se distingue por su atmósfera íntima y contemplativa. La ausencia de un fondo elaborado centra toda la atención en la figura femenina, permitiendo al espectador establecer una conexión directa con ella. El turbante, más allá de su valor estético, podría interpretarse como un símbolo de rebeldía contra las convenciones sociales o como una referencia a la moda de viajes y descubrimientos que se popularizó en el siglo XVIII. La paleta de colores, dominada por tonos pastel y dorados, contribuye a crear una atmósfera de refinamiento y delicadeza. En definitiva, esta obra parece aspirar a capturar no solo la apariencia física de la retratada, sino también su carácter interior y su individualidad.