Élisabeth Louise Vigée Le Brun – Marie-Antoinette, reine de France (1755-1793)
Ubicación: Palace of Versailles (Château de Versailles), Paris.
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En este retrato, se observa a una mujer de alta alcurnia sentada en un sillón ricamente decorado. Su vestimenta es sumamente elaborada: un vestido de seda pálida con amplias mangas y volantes, adornado con cintas y encajes. La complejidad del atuendo sugiere un estatus social elevado y una considerable fortuna. Porta joyas discretas pero evidentes, como brazaletes y anillos, que acentúan su posición privilegiada.
El cabello de la retratada está peinado en un elaborado estilo, característico de la época, con adornos adicionales que incrementan el volumen y la ostentación. Su mirada es directa al espectador, transmitiendo una sensación de serenidad y control. La expresión facial es contenida, casi distante, lo cual podría interpretarse como una manifestación de dignidad o reserva.
El fondo de la pintura es relativamente oscuro y sobrio, con elementos arquitectónicos clásicos insinuados a través de columnas y cortinajes pesados en tonos verde oscuro y azul profundo. Un pequeño tocador cubierto con un paño rojo se encuentra a su derecha, sobre el cual se distinguen objetos decorativos como flores y posiblemente recipientes de belleza.
La iluminación es suave y difusa, concentrándose principalmente en la figura central para resaltar sus rasgos y vestimenta. Esta técnica contribuye a crear una atmósfera de elegancia y refinamiento.
Subtextos potenciales: La pintura parece enfatizar el poder y la riqueza asociados al personaje retratado. El exceso de ornamentación y los símbolos de estatus sugieren un mundo alejado de las preocupaciones cotidianas, centrado en el lujo y la apariencia. La postura firme y la mirada directa podrían interpretarse como una declaración de autoridad o una defensa de su posición social. La ausencia de elementos que contextualicen su vida más allá del ámbito cortesano podría indicar un deseo de mantener una imagen idealizada y controlada. El uso de colores fríos, aunque elegantes, también puede sugerir cierta frialdad emocional o distancia con respecto al espectador.