John Everett Millais – Elgiva seized by order of Archbishop Odo
Ubicación: Museums and Art Gallery, Birmingham.
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El centro compositivo lo ocupa una mujer vestida con ropajes blancos y dorados, aparentemente de alta alcurnia, quien se encuentra siendo conducida por dos hombres corpulentos. Uno de ellos, con barba rojiza y ataviado con un manto oscuro, parece ser el ejecutor principal, mientras que el otro, musculoso y desnudo hasta la cintura, lo asiste en la tarea. La mujer extiende sus brazos en un gesto ambiguo: ¿imploración, resistencia o resignación? Su expresión es difícil de discernir completamente, pero sugiere una mezcla de angustia y desafío.
A su alrededor, se agolpan otras figuras que reaccionan a la situación. Una mujer, vestida con ropas similares a las de la protagonista, está arrodillada en el suelo, con las manos juntas en señal de súplica o desesperación. A un lado, una figura femenina yacente sobre un lecho elevado parece ser víctima de la misma suerte, aunque su estado es incierto: ¿dormida, enferma o muerta? En segundo plano, se distingue otra figura encapuchada que observa la escena con aparente autoridad, posiblemente el responsable de ordenar este acto.
La paleta cromática es dominada por tonos ocres, marrones y dorados, que contribuyen a crear una atmósfera pesada y claustrofóbica. El uso del claroscuro intensifica el dramatismo, acentuando las figuras principales y ocultando detalles en la oscuridad. La pincelada es suelta y expresiva, lo que sugiere un enfoque más emocional que descriptivo.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de poder, injusticia y sufrimiento. El contraste entre la nobleza de la mujer protagonista y la brutalidad de sus captores plantea interrogantes sobre el abuso de autoridad y la vulnerabilidad del individuo frente a las estructuras de poder. La presencia de figuras femeninas en diferentes estados de angustia sugiere una reflexión sobre la opresión y la pérdida. La escena, aunque carente de un contexto narrativo explícito, evoca una sensación de tragedia inminente, dejando al espectador con una inquietante impresión de injusticia y desesperación. El encuadre cerrado intensifica la sensación de asfixia y limita cualquier posibilidad de escape visual, atrapando al observador en el mismo ambiente opresivo que los personajes representados.