Gustave Dore – He placed us carefully on the bottom of the gorge where Lucifer and Judas are tortured
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El grabado presenta una escena de marcada intensidad dramática y simbólica. En primer plano, se observa a un ser colosal, desnudo y con abundante barba y cabellera, arrodillado sobre una roca. Su tamaño desproporcionado sugiere una fuerza abrumadora, casi titánica. Sostiene en sus manos a dos figuras humanas de dimensiones considerablemente menores, que parecen estar siendo depositadas o colocadas cuidadosamente en un cuerpo de agua oscura y turbia.
El entorno es un desfiladero profundo y rocoso, con paredes abruptas que se elevan verticalmente, creando una sensación de encierro y opresión. La luz parece escasa, concentrándose en las figuras principales y acentuando los contrastes entre luces y sombras. Esta técnica de claroscuro intensifica la atmósfera sombría y angustiante de la composición.
La actitud del ser gigante es ambivalente. Si bien su gesto podría interpretarse como protector o cuidadoso, su tamaño y la ubicación en un lugar tan inhóspito sugieren una acción más compleja. La turbiedad del agua y el contexto aludido – “donde Lucifer y Judas son atormentados” – implican que el acto de depositar a las figuras no es benigno, sino que se trata de una entrega a un destino cruel o punitivo.
Las figuras humanas parecen mostrar signos de resignación o desesperación. Su postura encogida y la dirección de sus miradas sugieren sumisión ante lo inevitable. La diferencia radical en escala entre el gigante y las figuras acentúa su vulnerabilidad e impotencia.
El grabado, por tanto, explora temas como la predestinación, el castigo divino, la fragilidad humana frente a fuerzas superiores y la inevitabilidad del sufrimiento. La elección de un entorno infernal refuerza la idea de una condena o un tormento perpetuo. La meticulosidad del detalle en las texturas y los contrastes contribuye a crear una imagen poderosa y perturbadora que invita a la reflexión sobre la naturaleza del mal y el destino humano.