Gustave Dore – Hell at last Yawning received them whole
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La composición es dinámica y caótica. Un grupo considerable de personajes, aparentemente arrastrados por fuerzas invisibles, precipita hacia el vacío. Sus posturas expresan desesperación, terror y una impotencia absoluta ante su destino ineludible. Se percibe un movimiento circular, como si estuvieran atrapados en un remolino descendente.
En primer plano, destaca una figura alada que se proyecta hacia adelante con gesto imperativo. Su postura es dominante, aunque no exenta de tensión; sostiene un objeto alargado, posiblemente una lanza o una vara, apuntando hacia el abismo. Esta figura parece ser tanto parte del descenso como su catalizador, un agente activo en la caída generalizada. Su presencia introduce una ambigüedad: ¿es un ángel caído que participa en la condenación, o un guía forzado a presenciar y facilitar la tragedia?
La luz juega un papel crucial. La abertura superior emite una luminosidad intensa, contrastando fuertemente con las sombras profundas que envuelven el resto de la escena. Esta iluminación no es benigna; más bien, acentúa la sensación de horror y desolación, revelando los rostros angustiados de los condenados. La luz parece provenir de un lugar inalcanzable, una promesa incumplida o una justicia implacable.
El tratamiento del espacio es notable. La ausencia de un horizonte definido contribuye a la sensación de caída libre y desorientación. El abismo se extiende indefinidamente, sugiriendo una profundidad infinita y una perdición irreversible. La textura rugosa y sombría de las paredes rocosas que flanquean el descenso refuerza la atmósfera opresiva y claustrofóbica.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de juicio, condenación y la fragilidad de la existencia humana frente a fuerzas superiores e incomprensibles. La multitud arrastrada simboliza la pérdida, la desesperanza y la inevitabilidad del destino. La figura alada introduce una reflexión sobre la naturaleza del poder, el libre albedrío y la posibilidad de redención o, por el contrario, la complicidad en el sufrimiento ajeno. El abismo mismo representa lo desconocido, el miedo a la muerte y la incertidumbre que acecha más allá de nuestra comprensión. La composición evoca una sensación de pavor cósmico, donde los individuos son meros peones en un juego mucho mayor que ellos mismos.