Part 3 Prado Museum – Anónimo -- Vista de los jardines de la Casa de Campo con la estatua de Felipe III
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La obra presenta una vista extensa de un jardín formal, presumiblemente real, dominado por una imponente estatua ecuestre en su centro. El autor ha dispuesto el espacio con una marcada simetría, enfatizada por las avenidas arboladas que convergen hacia un horizonte difuso y lejano. La vegetación es densa y oscura, compuesta principalmente por árboles de follaje alto y uniforme, lo cual sugiere un cuidado meticuloso del paisaje.
En primer plano, se observan parterres geométricos delineados con precisión, indicativos de la influencia del diseño paisajístico renacentista e italiano. Pequeñas figuras humanas dispersas a lo largo del jardín aportan una escala que subraya la vastedad del espacio y el poderío implícito en su control. Estas figuras parecen dedicadas a actividades recreativas o de mantenimiento, pero su tamaño reducido las convierte en elementos secundarios dentro de la composición general.
La estatua ecuestre constituye el punto focal de la pintura. La figura montada, vestida con armadura completa, se erige sobre un pedestal ornamentado y frente a una elaborada fuente. Su posición central y elevada sugiere una representación de autoridad y liderazgo militar o político. El brillo del bronce contrasta con la oscuridad circundante, atrayendo inmediatamente la atención del espectador.
El tratamiento de la luz es notable; aunque generalizada, se percibe un cierto claroscuro que modela las formas y añade profundidad a la escena. La paleta cromática es sobria, dominada por tonos verdes oscuros, marrones terrosos y grises plateados.
Subtextualmente, la pintura parece evocar una idea de orden, control y magnificencia. El jardín formal, con su simetría perfecta y vegetación cuidadosamente podada, simboliza el dominio del hombre sobre la naturaleza. La estatua ecuestre refuerza esta noción al representar a un líder poderoso que encarna los valores de la nobleza y el poderío estatal. La presencia de figuras humanas en segundo plano podría interpretarse como una representación del pueblo sometido o sirviendo a su gobernante. En conjunto, la obra transmite una sensación de estabilidad, riqueza y jerarquía social. El horizonte lejano, apenas visible, insinúa un futuro prometedor bajo el liderazgo representado por la estatua.