Part 3 Prado Museum – Morales, Luis de -- La Piedad, San Juan y la Magdalena
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Comentarios: 1 Ответы
Испортили прекрасную вещь, слепив 3 картины в одну
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En el panel izquierdo, una figura femenina, presumiblemente María Magdalena, sostiene un cráneo con una expresión de profunda melancolía. La luz incide sobre su rostro, resaltando la palidez de su piel y la humedad en sus ojos. El gesto es introspectivo; no se trata de una lamentación abierta, sino de una contemplación dolorosa del destino humano, simbolizado por el cráneo. La vestimenta sencilla, con tonos verdes apagados, contribuye a un ambiente de humildad y recogimiento.
El panel central concentra la fuerza emocional de la obra. La Virgen María sostiene el cuerpo inerte de un hombre, presumiblemente Cristo, en sus brazos. Su rostro está marcado por una tristeza intensa, pero también por una resignación serena. La composición es íntima; los cuerpos se entrelazan creando una sensación de cercanía y dolor compartido. El uso del azul en la vestimenta de María evoca pureza y divinidad, contrastando con el color pálido y casi cadavérico del cuerpo que sostiene. La luz ilumina su rostro y las heridas visibles en el cuerpo, enfatizando el sacrificio y la redención.
Finalmente, en el panel derecho, otra figura femenina, posiblemente San Juan, observa la escena con una expresión de dolor contenido. Sus ojos están cerrados, como si intentara evitar la visión del sufrimiento. La luz que lo baña es más tenue que la que ilumina a María, sugiriendo un papel secundario pero no menos importante en el drama. Su vestimenta, en tonos rosados y rojos, aporta una nota de calidez contrastante con los colores fríos predominantes en los otros paneles.
La composición general sugiere una reflexión sobre la muerte, el sufrimiento y la fe. La ausencia de un fondo definido concentra la atención en las figuras y sus emociones, creando una atmósfera de intensa introspección. El uso del claroscuro acentúa el dramatismo de la escena y dirige la mirada hacia los rostros de los personajes, donde reside la mayor parte de la expresividad. Se intuye una narrativa silenciosa, un momento de duelo íntimo y profundo que trasciende lo meramente religioso para adentrarse en la condición humana. La disposición vertical refuerza esta sensación de elevación espiritual, invitando a la contemplación y a la reflexión personal sobre el misterio de la vida y la muerte.