Part 3 Prado Museum – Murillo, Bartolomé Esteban -- San Juan Bautista niño
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El joven no está solo; a su lado, un cordero blanco se presenta como un compañero inseparable. El animal, representado con meticuloso detalle en su pelaje y expresión, parece buscar refugio junto al muchacho, estableciendo una relación de dependencia y protección mutua. Un palo con una pequeña bolsa cuelga cerca del cordero, indicando una posible función pastoril o simbólica.
El fondo se diluye en un paisaje brumoso, dominado por tonos grises y azules que sugieren la inmensidad del entorno natural. Se intuyen formaciones rocosas a la izquierda y vegetación exuberante a la derecha, elementos que contribuyen a crear una atmósfera de aislamiento y recogimiento. La luz, proveniente de un punto indeterminado, ilumina principalmente al joven y al cordero, relegando el resto del paisaje a la penumbra.
La paleta cromática se centra en tonos cálidos –el rojo intenso de la túnica, los dorados del cabello– contrastados con la frialdad del fondo. Esta contraposición refuerza la sensación de dramatismo y espiritualidad que emana de la escena.
Más allá de una representación literal, esta pintura parece aludir a temas de pureza, inocencia y sacrificio. La figura infantil, junto al cordero –símbolo tradicionalmente asociado con Cristo–, evoca una narrativa de entrega y redención. El gesto del joven, con la mano sobre el corazón, podría interpretarse como una expresión de devoción o un reconocimiento de su destino. La composición en sí misma, con su énfasis en la figura central y la atmósfera contemplativa, invita a la reflexión sobre la fe y la condición humana.